Capítulo 4

855 Palabras
Capítulo 4 No soy lesbiana, pero puedo intentarlo Me quedé sin palabras. Estaba planeado y más que asustarme, agradecí el gesto y caminé a la oficina de papá que ya me esperaba. Supe después que lo de "El gringo animado" era un tipo de apodo que Megan le puso porque siempre andaba por ahí vagando sin decir nada. Pocas veces se le escuchaba hablar y había algunos que ni siquiera recordaban como era su voz. Supongo que yo fui la primera que lo vio tan "movido". - Perdón pa, se nos fue el tiempo sin darnos cuenta.- Dije apenas crucé la puerta.- Ay, disculpa de nuevo, no sabía que estabas ocupado. - No hija, no te preocupes ven, quiero presentarte a Tom, mi socio. Èl estará aquí unas semanas. Suele venir por estas fechas.- Me dijo señalando a un sujeto ya mayor pero bien conservado que se levantó para saludarme.- Ella es Ava, mi hija. - Hola, Sr. Usted debe ser el papá de James.- Dije y los dos parecieron sorprendidos. - Bueno, parece que ya te estas poniendo al tanto de todo.- dijo mientras le dirigíamos una mirada a mi padre.- ¿que más te han contado? - Vaya que Megan no pierde el tiempo, ¿verdad?.- Interrumpió mi padre para dejar en claro que de él nada había salido. - Sí, más bien yo le fui preguntando de todo.- No quise hacerla quedar mal, aunque ellos se dieron cuenta de que traté de cubrirla. Luego del saludo inicial y los buenos deseos me senté en el sofá del inicio y puse atención a su plàtica, aunque sin ser demasiado evidente. Mientras hacía como que revisaba papeles y otras cosas, notaba còmo la mirada de Tom de vez en cuando, sin que mi padre lo notara, se dirigía hacia mí para verme las piernas, mis tetas y lo que se pudiera. Yo, caliente como siempre, hacìa movimientos inocentes que me levantaban el vestido o dejaban al descubierto mi panty por entre mis piernas, lo que a él le incomodaba, pero gustaba. Fue en uno de esos instantes en que me di cuenta de que, al salir del baño, por el éxtasis y la prisa, olvidé ponérmelas y las había dejado ahí simplemente. "Què pendeja" pensé y me parè de inmediato para ir al lugar de los hechos. No encontré nada. Ni siquiera hice el intento de buscarlas porque debían estar en el suelo y salí. - ¿Estas buscando esto?.- La voz de mi hermano me asustò. Al girar para verlo él tenía mi ropa interior a la altura de su nariz, oliéndola. - Si. Pero puedes quedártelas, así estoy más cómoda.- Le respondí y regresé a la oficina. ... A las cuatro semanas de trabajar en la oficina de mi padre las cosas iban de maravilla. Me sentía como pez en el agua. Para empezar mis días, James que como dije no era un chófer, llegaba a mi casa a recogerme porque mi padre salía más temprano. Yo sabía en ese punto que él no entraba a las ocho de la mañana, sino a las diez, pero aprovechaba cada mañana para pasar al departamento de Megan, hacer como si despertaran juntos y llegar al trabajo bien atendidos. A mí me tocaba estar ahí a las once, justo para que nadie alterara la rutina de nada. En el camino, sin falta y a partir de la primera vez que cogimos en el cuarto de baño, James colocaba su mano derecha en mis piernas, las acariciaba, daba dos o tres pellizcos y subía hasta mi entrepierna para dar un masaje en mi clítoris. Después del primer día en que me corrí descomunalmente y dejé mojado el asiento del copiloto, procuraba no llevar puesta mi panty y subirme el vestido o la falda hasta la cintura. Era excitante ir por ahí en el coche siendo dedeada sin que alguien se diera cuenta gracias al polarizado del vehículo. Cuando se paraba un autobús a un lado yo miraba a los pasajeros que se observaban a sì mismos en el reflejo de mi ventana, imaginando que me observaban y me corría de inmediato. Ya en la oficina todo iba normal. Megan me recibía con un buenos días y beso en la mejilla que por cierto cada vez se extendía por más tiempo y se acercaba más a mis labios. Entraba a la oficina de mi papá y comenzaba mi trabajo de investigación. Desde la tercera semana, cuando le di a mi padre todas las ideas que tenía para el nuevo proyecto, no dudò en aceptarlas porque sabía que tenía razón. Ellos necesitaban una figura joven y entregada a la labor en la oficina, alguien que conociera el mercado y ahí estaba. Haciéndolos triunfar. Ahora estaba contrarreloj porque si bien me habían dado la confianza y el tiempo para desarrollar algo, por motivos de cierre fiscal tenía solo hasta el 30 de julio para que fuera aprobado. De no ser así, tendría que esperar todo un año y ver los sobrantes de caja para aprovecharlos, así que ahí estaba, a diez días del plazo y con un estrés fatal.
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