Capítulo 4, Parte 3
Ella, sin aviso ni pudor comenzó a desnudarte. Yo me quedè tiesa sobre todo porque nunca había visto a una mujer desnuda en vivo y menos con ese cuerpo. Al retirar su ropa interior me di cuenta de que su v****a estaba perfectamente depilada, se veía suave y brillante lo mismo que sus piernas. El vientre estaba plano como resultado del ejercicio, solo que era natural pues no tenía tiempo para ello y más arriba, válgame dios, un par de tetas deliciosas adornadas con unas aureolas color crema rodeando el pezón del mismo color. Ese punzón llegó y me di cuenta de que esa noche iba a cambiar todo de nuevo.
Sonriendo a causa de mi cara se metió a la bañera. Primero un pie, después el otro y pude ver por fin sus nalgas, redondas, duras, bien formadas. Como disfrutarà mi padre haciéndolas rebotar en su estómago y piernas, pensé. Megan me miró ya sentada y cubierta por el agua.
- Nunca habías visto a una mujer denuda, ¿verdad?- Me preguntò con gracia.
-Mmm... La verdad no. - Respondí con timidez.
- Anda, entra. Quítate todo.
Con algo de pudor me saquè el vestido por arriba, para que tapara mi visión un poco y no ver su reacción inicial. No traía panty como casi todos los días y el sujetador se fue junto a lo primero así que de un solo tirón quedé sin ropa.
Sentí vergüenza porque mi cuerpo no se parecía en nada al de ella, pero sus palabras me reconfortaron. Cierto era que nuestra diferencia de edad era la razón, tenía que esperar un poco, mientras no debía preocuparme, pero sì aprovechar.
Megan notò que yo no estaba depilada de mi entrepierna. Lo había hecho hacía una semana y por las prisas del trabajo no me había tomado el tiempo, pero ella también sabía que era porque a James le gustaba más así. Ahora, como estaríamos solas ese fin de semana, me preguntò si quería quitármelo y al decir que sí, me tomò de las manos para ayudarme a entrar y echo algunos chorros de agua caliente en mi vientre para pasarme la crema para depilación por encima de mis labios.
No pude evitar soltar un gemido cuando pasò uno de sus dedos por mi clítoris y le causó gracia. Se mordió el labio y con maldad lo volvió a hacer. Luego una tercera vez y una cuarta y de pronto perdí la cuenta. Yo arqueè mi espalda hasta que tocò la pared y por instinto abrí las piernas. Ella ya tenía su cabeza cerca de mí y comenzó a pasarme la lengua. Esa fue la primera vez que una mujer me hizo un oral y para ser sincera fue la mejor. Dicen que las expertas somos nosotras porque sabemos que nos gusta y como lo preferimos y creo que ese dicho popular tiene razón.
En mi v****a ya no traía crema. Con el manoseo inicial me la había quitado. La depilación quedaba en segundo plano. Me hincó en la bañera frente a ella y comenzó a besarme. Sus labios eran suaves y dulces, el movimiento de su lengua era acompasado, sus caricias definitivamente me lograron encantar. Fue un momento maravilloso que siguió con una profunda penetración a dos dedos que me hizo llegar al orgasmo rápidamente. En verdad lo necesitaba, quería ese tipo de intimidad que, aunque no me faltaba en las mañanas, fue más placentera.
Megan sabía què y còmo hacer. Por eso mi papá había durado tanto tiempo con ella. ¿Él le habrá enseñado todo?
En medio de la relajación y liberada la tensión, me di cuenta de que justo arriba de la regadera había un pequeño espejo, algo redondo. Enfoquè mi vista y me di cuenta de que se trataba de una microcámara. Otro punzón me llegó junto a la idea de que quien estaba detrás era mi papá.
¿Qué me estaba pasando?