Capitulo 3
Un gringo animado
El viaje escolar fue otra experiencia maravillosa en mi vida. Aunque si bien me la pasé de maravilla explorando la intimidad, la independencia familiar, nuevas formas de socializar y otros detalles, no pude quitarme de la cabeza lo mal que seguramente la estaban pasando mis mejores amigos. Desde el primer momento en que llegué intenté ponerme en contacto con ellos, sobre todo con Fernando, para ir a visitarlos, pero nada funcionó. En casa de la familia accidentada parecía que estaba la orden de no pasar mi llamada pues cada vez que me respondían la excusa era que Fer dormía, estaba estudiando, bañándose o cualquier otra cosa que no fuera libre. En la de Armando el asunto no era muy diferente, pero en lugar de hacer algo por ahí, siempre me daban la razón de que estaba en la calle. Vaya chiste, cualquiera sabe que el mundo de ese chico era estar pegado frente al monitor de su computadora.
...
Y bien, considerando que lo que se venía era un largo verano, me puse como misión encontrar un empleo para la temporada en lo que terminaba de arreglar mis asuntos de la escuela. Aún faltaba un tiempo para que iniciarán las clases en la universidad y quería aprovecharlo bien.
Cuando le dije a mis padres que tenía la intención de trabajar, se me fueron encima.
- No lo necesitas, Ava. Déjate de eso.- Mi padre era determinante.
- Sí, corazón, todo está bien. Nosotros nos estamos encargando de todo y lo que necesites solo basta que lo pidas.- Mi madre agregaba en el intento de que no continuará mi búsqueda.
Sin embargo, no se trataba sobre el dinero, iba más allá. Quería vivir la experiencia de ganar mi propio ingreso, por más pequeño que fuera, siempre y cuando me diera la oportunidad de saber cómo era dedicar tiempo a algo productivo de la vida real.
- Quiero trabajar, quiero hacer algo. Por favor. - Les rogaba a mis padres que cada vez estaban más convencidos de que iban a tener que doblar las manos.
- Pues si tanto quieres, dile a tu papá. ¿Amor, puedes hacer algo en la oficina? Esta niña es muy terca.- Le decía a mi padre con la intención de que me diera alguna cosa linda que hacer en su empresa.
- No lo creo y menos ahora que William acaba de entrar.
Desde el día en que mande el correo con el video de William a mi papá, no hubo tregua. Mi padre lo sometió totalmente a sus intereses y demandas. Lo puso como campeón de boxeo, sin los golpes claro, por poner en riesgo su trabajo, lo que tanto le había costado construir, y no lo iba a soltar muy fácil.
Mi hermano, por su parte, sabía que era una falsa amenaza porque tenía bien claro desde donde había llegado la información, pero le frustraba el hecho de que por ninguna forma podría comprobarlo porque eso lo pondría en problemas más graves.
Uno de esos días en que yo estaba a punto de cerrar mi contrato para trabajar en una pequeña cafetería de la plaza comercial, de hecho, la misma en donde me descubrió el vigilante con mi hermano, llamó mi padre desde su trabajo para avisar que alguien pasaría a recogerme para llevarme con él pues algo tenía para mí. Aunque no puedo negar que me emocioné, sabía que no era del todo igual, pues trabajar en una gran empresa como hija de uno de los socios a veces trae más problemas, pero como me ahorraría en traslados y alimentos, no dude en aceptar.
De inmediato me fui a arreglar. Primero tomé un baño que aproveché para masturbarme, como de costumbre. Lavè bien mi cuerpo, metí mis dedos tanto como pude y frote mi clítoris hasta que me corrí tres veces, todo para bajar la tensión. Al salir, en la tranquilidad de mi habitación elegí lo que llevaría puesto y no podía ser menos que uno de mis nuevos vestidos negros arriba de la rodilla que, aunque no era entallado, si hacía que mi cuerpo luciera sexy. Lo único que me preocupaba era que al sentarme se me levantaba más de la cuenta y no sabía frente a quièn debería hacerlo. No importaba al momento, ya vería como solucionarlo.
Cuando terminè aún faltaba media hora para que llegarán por mí, así que me parè frente al espejo para verme otra vez. Para ser sincera, no sé exactamente que sentí, pero llegué a preocuparme cuando sin darme cuenta me estaba acariciando. El verme ahí, así vestida, me provocò un calentón similar al que siento cuando estoy cerca de William. Observar mis piernas, las tetas y mi v****a depilada hizo que me humedeciera. Comencé a frotarme lento el clítoris mientras intentaba experimentar pensando en alguna mujer para conocer mi reacción y estaba funcionando hasta que mi madre llamó a mi puerta para avisarme que habían llegado. Al bajar las escaleras quedé sorprendida.
En la puerta me esperaba una persona que no alcanzaba a descifrar si era muy joven y parecía maduro o era un maduro que se veía joven. Quizá rondaría los treinta años, con una estatura promedio, ojos pequeños, cabello corto, rubio y lacio, mandíbula pronunciada y manos enormes. Era extranjero y lo confirmè cuando me saludò con un español bastante malo.
Volteé a ver a mi madre que se había dado cuenta de mi reacción y después de que me pidiera que me portara bien, incluso en el camino, salí para subir al coche.
El tipo al que mandò mi papa no era un chófer. Estaba claro porque ni siquiera se tomó el tiempo de abrirme la puerta y ayudarme a subir, sino que se fue directo a su lado, se subió y encendió el coche. Iba a hacer un comentario, pero ni siquiera estaba segura de que fuera a entenderme.
Ya en el camino me di cuenta de que lo iniciado en el cuarto comenzaba a incomodarme. Tenía que quitarme la calentura que traía, pero iba a ser imposible por un par de horas. Como fuera, me dio por juguetear un poco y empecé con lo que mi madre me había pedido precisamente que tuviera cuidado.