Capitulo 3, Parte 3
Fueron tres horas las que pasé tranquilamente revisando papeles, bocetos y algunos productos que encontré en una caja etiquetada como "prospectos". A cada nuevo minuto me calentaba más y más. Las formas, los colores e incluso el olor me enredaba, pero ciertamente faltaba algo, la textura, el sentir al tacto que se trataba de algo real, o al menos lo más cercano posible.
Sin pensarlo mucho, empecé a frotar uno de los dildos en mi clítoris y volví a sentir el mareo previo a cuando hago algo que no está bien. Lo prohibido me encendía bastante.
Cuando lo retirè sentí lo fresco en mi v****a al llegarme una ligera ráfaga de viento, estaba mojadìsima.
El mismo dildo, con su tamaño descomunal, lo puse a la altura de mi cara, traté de medirlo de diferentes ángulos con mi mano y metí la punta a mi boca. No me cabría todo, por supuesto, pero a ver hasta dónde. Lo empujè desde su base y justo cuando llegò a mi garganta, me provocò una arcada. Estaba por sacarlo de mi boca cuando la puerta se abrió.
- ¡Ava!- Mi papá estaba ahí de pie y detrás de él, James.
Por mis mejillas comenzaron a correr las lágrimas de la arcada, mi boca estaba abierta por completo con aquello dentro y arqueándome hacia adelante escupí el m*****o falso.
- Papá... solo estaba...- Ni siquiera sabía què decir.
- Sí, ya vi que estabas haciendo...ya vimos. - corrigió.
James ni se inmutó, parecía que nada lo sorprendía, pero en el fondo de su mirada noté un poco de fuego que confirmé con el bulto que se le estaba formando en la entrepierna. Mi padre le pidió amablemente que nos dejara solos y sin decir algo giro para salir.
- Hija, no me asusto, está bien, lo entiendo, pero por favor cuida los lugares. Imagina que hubiera sido cualquier otro, el personal de limpieza o los mensajeros...
Mi padre no era una persona clasista pero cuando se trataba de mÌ buscaba dividirlo todo entre yo y el mundo, para que no corriera peligro, según él.
- Sí, papá, perdón. Me da mucha vergüenza.- Le dije muy apenada.
- No te preocupes mi amor, ven.
Me abrazò y por el impulso cayó sentado en el sofá. Yo encima de él, en sus piernas, como cuando era una niña, y lo que sentí fue un amor inigualable. Él siempre me cuidaba, consentía y daba todo por mí. Lo abracé con más fuerza y al acercarme un poco más a su pecho pude notar un ligero crecimiento en su pene. ¿Era posible? ¿Acaso se había excitado con lo que vio? No quise meterme más para no encontrar nada y me puse de pie.
- Bueno, ya viste que Megan me dijo lo que tenía que hacer.
- Sí, me lo comentó. Me dijo que comerían juntas para platicar...
- Sí, es la idea. De hecho, ya tengo algunas cosas por señalar, hice apuntes.
- Pues adelante porque si no sales se les va a hacer tarde.
- Sí, ya volvemos.
Tomè mi monedero y caminè hacia la puerta para decirle a mi nueva amiga-jefa-¿madrastra? Que era hora de salir.
- Hija, ¿no lo vas a necesitar? - Me preguntò blandiendo uno de los dildos más grandes por todo lo alto mientras se reía. Yo me quedè muda y seguramente sonrojada, mi papá no era de hacer demasiadas bromas, menos de ese tipo, pero tal vez era el comienzo de una nueva etapa.
- Sí, para el control de calidad, pero será en casa esta noche.- le correspondí la broma y guiñé un ojo. Su rostro se puso serio, pero no molesto, sino inquieto. Tragò saliva y fue lo último que vi al cerrar la puerta.
...
Megan y yo fuimos a comer a un lugar que ella acostumbra cerca de la oficina. Era un pequeño restaurante de comida italiana que servían la mejor pasta de la zona. Mientras conducía me iba presumiendo còmo era cliente frecuente, que la conocía medio mundo, que la atención para ella era maravillosa y otras cosas que a mi parecer solo hablan los pedantes nuevos ricos, esa subespecie recién creada y que más que sorprender, provoca cringe, así que solo sonreía.
Llegamos y en efecto los meseros se desvivían por ella. Entre tomar la orden, llevarnos los platos o preguntar si todo bien, le daban una muy buena repasada a Megan desde su cuello hasta los tobillos y ella parecía disfrutarlo. Le encantaba ser el centro de atención y hacia lo necesario para que nadie se la robara.
Al paso de los platos comenzamos a platicar de todo, primero me dio a saber cómo era el trabajo de oficina, quienes trabajaban ahí, el rol que cumplía cada uno e incluso algunos de los chismes permanentes, porque ahora sé que hay algunos pasajeros y otros que se quedan incluso años hasta que alguien logra descifrarlos. Por lo que entendí, era una especie de infierno en miniatura ese lugar y la única forma en que todos se comportaran era frente a mi papá.
Pasè sin mucho interés mi atención en cada una de las personas hasta que llegò a James. Él también era hijo de otro socio de mi padre, un gringo que solía venir solo en verano, justo por estos meses, que había quedado bajo el encargo de mi padre, al menos durante las horas de oficina, porque el suyo estaba cansado de él. Era un junior, un chico consentido que representaba una fuga de dinero y al que se le iba a enseñar a trabajar.
- ¿Cuantos años tiene?- Preguntè curiosa.
- Esta ya grandecito, de hecho. Soy la única que sabe así que no lo comentes. Este año cumple 36.- Me dijo bajando la voz como si alguien pudiera escucharnos.
- ¡Omg!, no te creo.- Le dije sorprendida.
- Te lo juro, es casi de la edad de tu papi, de hecho. Aunque no es tan guapo.
Yo me quedè pensando en cómo era posible que luciera tan joven pero ahí me llegaron muchas respuestas. De seguro ya había probado tantas y muchos tipos de mujeres que yo era solo una niña para él, algo insignificante. Incluso pudo haber tenido problemas mayores, por eso lo de preguntar mi edad, y por eso me ignoraba.
- ¿Te gusta?- Me preguntò Megan al darse cuenta de que me perdí en los pensamientos.
- Sabes, es guapo. Cuando lo vi me llamó la atención. Pero no se...
- ¿Eres virgen?- Su pregunta hizo que me atragantara por lo directo.
- Emmm... ujum... no, no lo soy.- Respondí con mucha vergüenza.
- ¿Fue con tu hermano?- La sequedad de sus preguntas cada vez me atormentaba más.
- Ey, -¿Què pasa? No tienes filtros, ¿verdad? - Le acusÈ a modo de pregunta y queja.
- Solo quiero saber con quién trabajo, ya sabes, hacer buen equipo. Además, no hubiera hecho tantas preguntas directas si tu no anduvieras esto todo el día acostándose con la mirada o si no hubiera visto como tu hermano te apretaba el culo por debajo del vestido y tu parecías disfrutarlo o como te sonrojaste cuando te dije le edad de James...
No agregò nada más, pero tenía razón. Sin embargo, no todo debía ser ganancia para ella.
- Te respondo todo, pero dime ¿te estas cogiendo a mi papá?
- Si. - Me respondió sin dejar de comer tranquilamente.- Desde hace nueve años.
Yo me quedé pasmada. ¿Como era posible eso? ¿Tanto tiempo sin que mi madre se enteraran? Era casi imposible. Algún truco debía haber.