Capítulo 1
Cole
Mi teléfono vibra en el bolsillo mientras agarro la manija de la puerta, lista para salir de la oficina. El esmoquin n***o a medida me sienta perfecto. La gala de esta noche es un evento crucial: una reunión de la élite de Hollywood e inversores que Silver Screen Studios no puede perderse.
Saco el teléfono y miro la pantalla. Evelyn. Mi chef privado no llama a menos que sea importante.
-Evelyn -respondo, ya a medio camino de la puerta.
''Sr. Fox, lamento molestarlo, pero pensé que debería saber que la niñera renunció.''
Me quedo paralizado a medio paso. "¿Qué?"
-Dejó una nota en el mostrador esta tarde -continúa Evelyn, con tono tranquilo pero irritado-. Decía que el estrés del trabajo era demasiado para ella.
Apreté los dientes. La tercera niñera en seis meses. "¿Dijo algo más?"
"No, sólo la nota."
-Está bien, llamaré a la agencia por la mañana. -Cierro la puerta de mi oficina y la cierro con llave antes de dirigirme a los ascensores.
-Bueno, con la gala de esta noche, pensé que querrías hacer otros arreglos para Tanner -dice ella, suavizándose la voz.
''¿Arreglos? ¿Qué arreglos?''
"Bueno, Shawn y yo vamos a ver el espectáculo del circo esta noche", dice, refiriéndose a su marido. "Tenemos entradas desde hace meses, ¿recuerdas?"
Miro mi reloj. Tengo que estar en el evento en menos de una hora. ¡Genial! "¿Y Ellis?"
Ellis es mi cabeza de familia y ha estado conmigo por más de diez años.
"Tampoco está disponible", dice. "Está en una cena familiar".
Las puertas del ascensor se abren, pero no entro. Me presiono la sien con los dedos, intentando reprimir la irritación que bulle bajo la superficie. "De acuerdo. Ya pensaré en algo".
-Buena suerte, señor -añade Evelyn, aunque su tono sugiere que duda que la encuentre.
Termino la llamada, guardo el teléfono en mi bolsillo y me doy vuelta para dirigirme a mi oficina privada, donde trabaja mi asistente ejecutivo.
Virginia sabría qué hacer. Siempre supo qué hacer.
Ella no estaba allí hace un momento cuando pasé por su escritorio, pero tal vez había regresado.
Entro en la sala de espera privada contigua a mi oficina, buscando a Virginia. La sala es elegante y eficiente, igual que ella: escritorio de cristal, superficies pulidas y nada fuera de lugar.
Vacío.
Miro el reloj de pared. Aunque normalmente no se va hasta que yo me voy, a menos que trabaje hasta muy tarde, recuerdo que le di la tarde libre porque iba a la gala. Ya se fue. Claro.
Maldigo en voz baja. Virginia, eficiente, profesional e imperturbable, meticulosa hasta la médula; su organización hace que todo en mi vida funcione a la perfección. Si alguien hubiera podido manejar esta situación, habría sido ella.
Me paso una mano por el pelo y respiro hondo. Opciones. Necesito opciones.
Los tacones de mis zapatos lustrados hacen clic contra el suelo de mármol mientras me dirijo al ascensor.
Mi instinto me dice que llame a la agencia esta noche, y me contestarán. Nadie rechaza una llamada mía. Pero no confío en nadie que envíen a última hora. Tanner tiene cinco años, y no voy a dejarlo con alguien a quien no haya investigado personalmente.
Así que eso nos deja con uno de los míos. Las verificaciones de antecedentes de Silver Screen Studios son legendarias. No contrato a nadie en mi empresa cuya vida no haya sido revisada a fondo.
Desafortunadamente, son más de las 6:00 de la noche de un viernes y casi todos ya se fueron.
El ascensor suena cuando llego a la planta baja y salgo al gran vestíbulo.
El vestíbulo de Silver Screen Studios es tan sorprendente como su nombre lo indica: elegante, moderno y diseñado para impresionar.
Los suelos de mármol pulido se extienden por el amplio espacio, y su superficie brillante refleja la suave luz de la iluminación empotrada. Las imponentes paredes de cristal ofrecen una vista del horizonte de la ciudad, con las luces centelleantes de Los Ángeles como telón de fondo.
A la izquierda, un conjunto de sillones contemporáneos y mesas bajas de cristal forman una zona de estar, dispuestas alrededor de un centro de orquídeas blancas frescas colocadas en un jarrón alto y minimalista. A la derecha del vestíbulo se encuentra una cafetería, con un elegante mostrador n***o atendido por un solo barista que prepara la comida para la noche.
Un enorme mostrador de recepción se encuentra en el centro, curvo y de vidrio esmerilado con detalles de acero cepillado. Tras él, una pantalla digital montada en la pared muestra secuencialmente los últimos clips del estudio durante el día, con una transición fluida y sin interrupciones.
Pero ahora, las pantallas están apagadas y el bullicio habitual del vestíbulo ha desaparecido.
Detrás del mostrador de recepción, que normalmente está atendido por tres recepcionistas, se encuentra una persona solitaria preparando una maleta de gran tamaño y preparándose para irse.
Cambio de dirección y me dirijo hacia recepción, donde ella lleva el bolso colgado al hombro.
Su cabello rubio refleja la tenue luz del atardecer, cayendo sobre sus hombros en suaves ondas. Se gira ligeramente, permitiéndome vislumbrar sus rasgos: mejillas redondas, grandes ojos azules y un ligero surco en el ceño, como si ya estuviera preocupada por el fin de semana que se avecina.
Entrecierro los ojos y hojeo mis archivos mentales.
Annie Wagner.
Tiene veintidós años. Empezó hace unos meses. Es educada, profesional y discreta.
Bueno, no lo sé personalmente, pero si ella fuera otra cosa, estaría en mi radar, y no lo ha estado.
Hasta ahora.
Justo cuando ella se da la vuelta para irse, la grito: "Annie Wagner".
Se sobresalta y gira la cabeza hacia mí. Por un instante, parpadea, como si no pudiera creer que le estuviera hablando.
-Señor Fox -dice ella vacilante, con un tono de pregunta en la voz.
No la culpo. La mayoría de los empleados de este edificio prefieren evitar una conversación nocturna con su jefe.
Su cabello rubio cae en ondas sueltas alrededor de su rostro, y lleva una blusa blanca ajustada que mete nerviosamente dentro de una falda lápiz gris que abraza su pequeña y curvilínea figura.
"¿Tienes un momento?" pregunto, caminando hacia ella.
Duda, subiéndose el bolso al hombro. "Eh, claro. ¿Pasa algo? Solo estaba..."
-Sí -digo sin rodeos-. Mi niñera renunció.
Me mira confundida. "Disculpe, señor. ¿Su niñera?"
-Sí. Mi niñera.
Sus labios se separan ligeramente y su agarre en el bolso se hace más fuerte.
-Necesito que alguien cuide a mi hijo esta noche -explico-. Solo unas horas.
Parpadea, claramente sorprendida. "¿Quieres que cuide a tu hijo?"
"Sí."
Sus labios se abren aún más como para responder, pero los vuelve a cerrar, frunciendo el ceño. "No... no creo que sea buena idea, Sr. Foz. Es decir, nunca he..."
-No te pido un currículum -la interrumpo con tono brusco-. Ya lo tengo.
Ella se estremece ligeramente ante la aspereza y yo suavizo mi voz.
''Es una emergencia, señorita Fox. Tanner tiene cinco años. Es tranquilo y se porta bien. Solo tendría que vigilarlo unas horas hasta que regrese.''
Cambia el peso de un pie al otro, agarrando con fuerza la correa de su bolso. "No sé... No estoy segura de ser la persona adecuada para esto".
Exhalo, la frustración me aprieta el pecho. "Mira, no te lo pediría si tuviera otra opción. Te pagaré el doble de lo que ganas en una semana".
Sus ojos se abren ligeramente y puedo ver las ruedas girando en su cabeza.
"¿Qué? ¿Doble?"
-Sí. En efectivo.
Ella duda, mirando hacia la puerta como si estuviera considerando salir corriendo.
"Triple", digo, cruzando los brazos.
Su mirada vuelve a la mía y sé que ahora tengo su atención. "¿Triple?"
''Lo tomas o lo dejas. Pero si lo dejas, no me quedan opciones.''
Ella se muerde el labio inferior, el gesto me produce algo que no tengo tiempo de analizar, y cambia su peso de un pie al otro.
Finalmente, dice: «Está bien. Lo haré».
Me invade el alivio, aunque mantengo la expresión neutral. "Bien. Tendrás la dirección para cuando llegues al estacionamiento".
Annie asiente, todavía luciendo un poco aturdida.
Dicho esto, me giro y me dirijo hacia la salida.
-Espera -grita-. ¿A qué hora debería estar allí?
-Ahora -digo por encima del hombro, sin detenerme ni mirarla.
Salgo al aire fresco de la tarde y me dirijo a la limusina que me espera, con la mente ya acelerada con la lista de tareas que me aguardan en la gala.