Me encantaba lo decidida que estaba Nathalie a participar en mi juego. Solo esperaba que, en cuanto las cosas se pusieran mejor, no saliera corriendo. Los únicos momentos en que la había visto vacilar, fue al ver a las sumisas, pero se había recompuesto de inmediato y lucía tranquila y cómoda, sin que la forma en que estaba vestida la cohibiera de ninguna manera. Miró las pantallas detenidamente, luego me miró a mí otra vez, tomó sus cubiertos y comenzó a comer sin miedo. Yo la imité, esperando pacientemente a que respondiera. —La segunda fila, la tercera pantalla de la izquierda —indicó, sin mirarlas. Saqué el mando que tenía en el bolsillo de mi chaqueta y presioné el botón de la pantalla que me indicó. Antes de que ella mirara, los gemidos resonaron por los altavoces. Perfecto.

