Melissa Cuando Nick salió, la casa quedó en silencio, me quedé unos segundos de pie en la sala, escuchando ese eco suave que solo tienen los lugares nuevos, esos que todavía están llenos de promesas y no de recuerdos… aunque yo ya estaba empezando a llenarlos con los míos. Comencé a caminar despacio, explorando cada rincón. La sala, amplia y luminosa, con ventanales que dejaban entrar una luz cálida que acariciaba el piso de madera, la cocina… enorme, con una isla en el centro que me imaginé llena de platos y voces de mi familia, todos hablando al mismo tiempo. Subí las escaleras, tocando la barandilla como si quisiera memorizarla con las yemas de los dedos. Encontré las habitaciones: una principal con un ventanal que miraba al jardín, otras más pequeñas que ya podía imaginar llenas

