Melissa Aún tenía la prueba en las manos, dos líneas… Dos. Sentía las piernas temblarme, como si todo el peso de lo que acababa de descubrir se hubiese instalado en mis rodillas. Pero no caí, porque Nick estaba ahí, sosteniéndome con los brazos firmes que siempre me habían dado consuelo… y ahora también seguridad. Me aferré a él como si necesitara sentir algo real, algo sólido, mientras mi mundo cambiaba por completo. —No estás sola —me susurró contra el cabello, con la voz más suave que le había oído jamás— Estamos bien — aseguro Lo creí, porque sus manos no temblaban, porque su pecho seguía firme, porque en su mirada no había juicio ni miedo, solo una ternura abrumadora que me envolvía por dentro. Apoyé mi frente en su cuello, cerrando los ojos, tratando de ordenar los pensamiento

