Armando no quería ver a su hija sufriendo, pero él ya sabía que el chico probablemente no resistiría, así que buscó la manera de que le permitieran quedarse con él. Pasaron tres días en los que Nina no se despegó de su lado, los chequeos que ella debía tener se los hacían en esa misma habitación. Fue hasta la tercera noche que el chico despertó. Armando dio aviso, pues el tubo estaba molestándole y su mirada reflejaba el sufrimiento que pasaba. Estaba asustado por no saber que estaba sucediendo, o por qué había un tubo en su garganta. Las enfermeras y el medico llegaron obligando a Nina salir hasta que pudieron estabilizar al chico. Entonces les pidieron que tenían que retirarse y después volver, pero ella no accedió. De alguna manera, Armando logró hacer que ella permaneciera con él.

