Después de que Nina recibiera la noticia de Román, no quiso ver a nadie más. Su padre solicitó que la evaluaran para que todo estuviera en orden y le firmaran el alta del hospital. Lo más que podía hacer por su hija en ese momento, era llevarla de regreso a casa. […] ―Todo fue muy bonito ―dijo Nina con lágrimas en sus ojos y una sonrisa que denotaba tranquilidad―. En su fotografía se veía muy guapo. Colocaron la bandera nacional sobre su féretro y lanzaron tiros al aire. ―Era lo menos que se merecía. Una despedida honorable ―analizó Martín acomodándose en el sofá hundible que había dentro de la pequeña casa del árbol. ―Sí… Román fue un chico honorable. ―¿Vas a estar bien? ―preguntó preocupado―. Has estado muy tranquila. ―Estoy tranquila porque es algo que aún no me lo puedo creer. Q

