―Vayamos adentro, hija ―pidió el hombre tratando de mantener serenidad―. Aquí afuera no es el sitio para hablar de eso. ―Te espero, no tardes ―avisó ella y sin soltar el brazo de Leonardo, caminó llevándolo con ella hasta la sala. ―¿En verdad quieres que yo…? ―Sí ―interrumpió la chica sentándose en uno de los sofás―. Tú sabes todo, así que te involucra. ―¿Hablaremos después tú y yo? ―preguntó con la ligera esperanza de que ella dijera que sí. ―¿Quieres que, hablemos de todas las cosas en las que me has mentido y las que has omitido? ―Te aseguro que no hay más secretos, Nina ―Antes de que ella pudiera responder, su padre y Laura entraron a la estancia y tomaron asiento. ―Bien. Llevo haciendo esto hace aproximadamente un año, hija ―relató Armando. »Tu madre y yo queríamos una famili

