**JULIAN** Waldina estaba ahí, sentada en el sillón junto al ventanal, con esa serenidad que siempre la acompañaba. No decía nada, no hacía preguntas. Solo estaba. Y aunque su presencia era reconfortante, también me hacía sentir vulnerable. Como si su mirada pudiera atravesar todas las capas que había construido para protegerme de mí mismo. Me levanté del sillón, sintiendo el peso de mi cuerpo como si cada movimiento requiriera un esfuerzo extra. Apagué la luz del estudio y la penumbra llenó el espacio entre nosotros. Era un silencio raro, no incómodo, pero tampoco fácil. Waldina tomó mi mano, como si supiera que necesitaba algo más que palabras en ese momento. Su tacto era suave, casi imperceptible, pero suficiente para recordarme que no estaba completamente perdido. Me dejé guiar por

