—¡Ay, cariño! —Vicente se detiene frente a mí, coloca ambas manos en mis mejillas y me da un estruendoso beso en los labios—, ya mi chiqui Sergio me ha dicho lo que ha pasado con tu niño de agosto. Tuerzo una sonrisa y llevo ambas manos a mi cadera, a la vez de que levanto una ceja y veo a Sergio sobre el hombro de su novio. —Esa vieja bruja obtuvo su merecido y si te hace sentir mejor, Sergio y yo investigamos un poco más al bebé de mami y al parecer, al menos lograste que fuese a vivir solo. —¡Oh! Pero que amabilidad por parte de los dos —digo al poner los ojos en blanco—, aunque a decir verdad, no me interesa saber nada en lo que respecta a Adriano y la culebra de su madre. Por mí, que ambos se vayan al infierno. —Jo, jo, jo —se burla Sergio al alejarse del marco de la puerta para

