Miro fijamente la pantalla de mi computadora y aunque quiero poder concentrarme y trabajar en lo que mi jefe me pidió, simplemente no puedo dejar tranquila a mi mente. Por una parte, el ver a Isabella se estaba convirtiendo en una tortura para mí, ya que, cada vez que su padre iba a recogerla y yo volvía a verlo, mi cuerpo comenzaba a reaccionar ante él de forma instantanea, y el tenerlo tan presente no me dejaba avanzar con mi vida amorosa, además, Adriano me tenía completamente confundida, debido a que no estaba segura de si lo mío con su madre tuviera remedio alguno, ya que esa mujer era una completa bruja. —¿Crees que para mi fiesta de cumpleaños deba invitar a todos los de la oficina? Me volteo hacia Cata y arrugo mis cejas en confusión ante se extraña pregunta. —¿Por qué harías e

