Me levanto un tanto adolorida por toda la acción que Paolo y yo tuvimos anoche, pero no me quejo, porque hace mucho que no tenía sexo tan genial. Después de todo lo ocurrido anoche, había pasado por mi mente aceptar su propuesta de ser amigos sexuales cuando él esté aquí en la ciudad, pero después de replantearmelo, me decidí a que no, que solamente sería esta vez y ya. No estaba lista para tener este tipo de relaciones esporádicas e informales. Además, aunque no quisiera, en mi corazón aún había un nombre muy tatuado. Observo a Paolo dormir a mi lado, tan tranquilo, que parece un muñeco de porcelana, con aquella piel perfecta y cabello castaño claro. Cuando mi estómago ruge a causa del hambre, me siento sobre la cama y le doy unos empujoncitos amistosos para despertarlo. —Vamos a desa

