El corazón se me hace chiquito al solo pensar en todas las conversaciones que aún mantengo con Isabella mediante mensajes de texto, quien parecía querer gritar a los cuatro vientos que necesitaba ser rescatada de ese horrible hogar donde vivía al lado de la serpiente de su madre y del idiota de su padre. Aquel pensamiento me invadía la mente justo cuando me detuve frente a una tienda de ropa infantil en el centro comercial, donde mi mirada se había clavado en una pijama con la imagen de Mulán, aquella valiente princesa Disney que fue capaz de rescatar a toda China. Sin dudarlo, ingreso a esa tienda y compro el pijama, en espera de poder obsequiarle a la pequeña en cuanto tuviera la oportunidad de tener una nueva cita con ella. Isabella se había quedado con mi corazón, definitivamente, c

