01: Enero parte 1

2163 Palabras
Despierto con un horrible dolor de cabeza, los ojos me pesan y siento la garganta reseca. Me gustaría decir que tengo resaca porque anoche me quedé bebiendo hasta no poder más, celebrando la llegada del nuevo año, pero la realidad es que mi novio de cuatro años terminó conmigo y tuve una interminable sesión de llanto acompañada de mis mejores amigos. Seguía sin poder asimilar que Maximiliano haya terminado con nuestra relación. ¿Terminar conmigo el 31 de Diciembre?, vaya manera de comenzar el nuevo año. Me remuevo incómoda en mi cama y veo a mi amiga Catalina tendida a mi lado. La muevo un poco, pero ella no despierta. Voy hasta la cocina y me tomo un vaso de agua, mientras pienso en la locura que se me ocurrió anoche mientras estaba en estado de llanto incontrolable. Yo nunca había sido una de esas chicas que salían con varios chicos, de hecho, Maximiliano había sido mi primer novio y mi primer hombre, pero desde ahora estaba decidida a que las cosas debían cambiar para mejor. Necesitaba acción, adrenalina, divertirme, lo que sea para no caer en depresión por extrañar a mi estúpido ex novio y la tarea era sencilla: conseguir un chico por mes, hasta encontrar al indicado o lo que muchos llaman “el verdadero amor”. Quería tener citas, que me invitaran a comer o que me hicieran sentir como si fuera una princesa salida de Disney y esperaba poder conseguirlo en este nuevo año, o al menos ese era mi propósito. —¿Cómo estás? —pregunta Sergio acercándose a mí con cautela. Dejo el vaso sobre la encimera y me giro para ver a mi mejor amigo—. Si te soy sincero, necesitas una mascarilla facial para desinflamarte el rostro, estás de espanto. Sonrío y me encojo de hombros. —Tengo que ponerme guapa, porque hoy comienza mi propósito de año nuevo —afirmo con seguridad. Sergio se cruza de brazos y me observa con confusión. —Sigues con esa idea tuya de ir cazando hombres por la vida como desesperada —dice. Asiento con la cabeza y le guiño un ojo. En el fondo, Sergio sabe que estoy hablando en serio con este plan y también ambos sabemos que él me apoyará, como en todos estos años lo ha hecho. —La vida es una sola, hay que disfrutarla mientras se pueda, ya sabes. Además, es solo un chico por mes. —Lo único que yo sé es que estás loca, Molly —Sergio niega con la cabeza, como si yo no tuviera más remedio y se acerca para darme un fuerte abrazo. —¿Podemos irnos de fiesta? Necesito comenzar con la misión lo antes posible —pregunto mientras me acomodo en su pecho e intento convencerlo. —Tendrás que completar esa misión con Catalina, porque yo me voy a casa de mis padres —dice. Deja un beso sobre mi frente y me dedica una sonrisa. —Les das mis saludos —sonrío. Los padres de Sergio eran personas realmente geniales, yo los adoraba. Siempre nos enviaban comida y estaban al pendiente de si necesitábamos algo. Su madre aún guardaba la esperanza de que Sergio y yo tengamos una relación, aunque ella sabe muy bien que yo nunca tendré los requisitos bases para salir con su hijo, porque soy mujer y mi amigo es homosexual. —Iré a ducharme —dice Sergio, pasando por mi lado en dirección al baño. Me quedo mirando el camino por donde mi amigo acaba de irse y suspiro agotada, porque aunque ahora tenga claro lo que haré con mi vida de soltera, sigo sin poder asimilar del todo que mi noviazgo haya llegado a su fin. No sé con claridad cómo Maximiliano y yo llegamos a este punto sin retorno, en donde la única solución para ambos es el estar separados. Yo amaba a ese hombre con todo mi corazón, pero al parecer eso no era suficiente. Ya nada era suficiente, ni siquiera el hecho de que yo me haya ofrecido a mudarme con él a una ciudad lejos de donde tengo mi vida armada. Mis ojos se cristalizan y siento como vuelvo a quebrarme, dejo que las lágrimas corran libres por mis mejillas, pero luego me las seco con la manga de mi sweater y me digo a mi misma que todo estará bien. Yo puedo con esto. Será un año divertido, Molly —me animo a mí misma. (...) Tenía que reconocer que el ambiente nocturno nunca había sido lo mío, más bien me consideraba una chica tranquila, pero no podía negar que estar aquí en medio de tantas personas, con la música a todo volumen, me hacía sentir animada. La gente a nuestro alrededor se veía feliz, eufórica y me auto convencí de que yo debía estarlo de igual modo, a pesar de que mi única relación seria se haya ido por la borda hace unas horas. —¿Entonces cuál es el plan? —pregunta Cata a mi lado. Me giro un poco para verle el rostro y sonrío. —No lo sé —me encojo de hombros—. Solo sé que debo conseguir un chico para conocer y pasar este mes de Enero. —Vale, voy a fingir que eso se escucha muy normal...—dice con una sonrisa divertida en los labios—. Iré por un trago, quédate aquí. Asiento con la cabeza y observo a mi amiga perderse en la multitud de personas. Catalina y yo somos compañeras de trabajo en una empresa encargada de vender bienes raíces, ambas nos habíamos conocido por el trabajo y desde el primer momento fuimos inseparables, a tal punto, que incluso Sergio la considera su amiga. Vuelvo a la realidad cuando mi celular resuena en el bolsillo trasero de mis ajustados jeans. Lo tomo y al ver el nombre en la pantalla siento un retorcijón en el estómago. Maximiliano. Trago saliva con dificultad y contesto la llamada de una vez por todas, echando a un lado mi orgullo. —¿Max? —cuestiono. Logro identificar su risa al otro lado de la línea, pero se escucha lejana. Se me parte el corazón cuando oigo que una voz femenina lo acompaña. Solo escucho risas y se me encoge el alma al pensar en que estando conmigo, en todos estos años, nunca lo escuché reír de ese modo. Quizá nunca estuvimos destinados realmente. Mis ojos se nublan con las lágrimas retenidas, pero no las dejo salir y tomo el valor para finalizar la llamada. Camino en búsqueda del baño del lugar, para poder verme al espejo y retocar mi maquillaje, porque definitivamente esta es mi noche, debo poder ser capaz de superar esa ruptura y seguir con mi vida. Si Maximiliano lo está pasando bien, yo también debo hacerlo. Cuando llego al lugar de los baños me encuentro con que están todos ocupados y debo esperar afuera. Veo a mi alrededor y frente a mí está un chico muy guapo, de cabello largo. Me llama mucho la atención el hecho de que su larga melena castaña es perfecta, incluso mejor que la mía. —Hola, guapa —me sonríe. Abro la boca con asombro y me quedo de piedra, porque no sé cómo reaccionar frente a esto. Vamos, Molly. Esta es la oportunidad que estabas buscando —me animo a mí misma. —Hola. El chico me dedica una linda sonrisa y reparo de inmediato en sus ojos verdes, los cuales me parecen simplemente hermosos y profundos. Es muy guapo, sin duda. —Nunca te había visto por aquí —asegura. Siento que mis mejillas se sonrojan de inmediato, porque me siento un poco intimidada ante él. Debo parecerle una quinceañera tímida e inocente. —Es mi primera vez —intento reponerme, pero lo que ha salido de mis labios me hace querer que la tierra me trague. ¿Mi primera vez? ¡Dios, que idiota! —Eso deja mucho espacio a la imaginación… —susurra. Su mirada me penetra profundamente, tanto así que me siento totalmente expuesta frente a sus ojos. —Quiero decir que no conocía el lugar —digo. El chico se ríe levemente y se muerde el labio inferior, derrochando sensualidad—. ¿Cómo te llamas? Me felicito a mí misma por tomar la iniciativa, lo que me hace sentir un poco más segura. —Felipe Ignacio —dice. Se acerca hacia mí, hasta quedar a pocos centímetros y deposita un beso en mi mejilla, permitiendo de ese modo que pueda oler el aroma que emana de él. Cierro los ojos ante el contacto de sus labios contra mi mejilla y luego me repongo para no parecer una tonta. —Soy Molly —digo. Felipe me dedica una sonrisa y luego me guiña un ojo. —Entonces Molly... ¿te gustaría tener tu primera vez conmigo? —arqueo una ceja hacia él y se me escapa una risa nerviosa. —No, yo ya tuve mi primera vez… de hecho, hace años, cuando era adolescente y un chico de mi salón me gustaba mucho… Una carcajada escapa de los labios del castaño de pelo largo frente a mí y creo que mi rostro no puede estar más colorado. Muero de la vergüenza por lo estúpida que estoy siendo. —Me refería a tu primera vez en este antro —me sonríe con picardía—, ahora, si tú quieres otra cosa… —¡No! —niego con la cabeza de inmediato y llevó una mano hasta mi mejilla, corroborando que efectivamente tengo el rostro ardiendo—. Que torpe… Dejo escapar una carcajada y Felipe se contagia de ella. Una chica sale del baño, dejándome el pase libre a que yo entre. —Me agradas, Molly —me guiña un ojo—. ¿Te espero aquí y luego vamos por algo de tomar? Asiento sin decir nada más, porque al parecer cada vez que hablo, una idiotez sale de mi boca. Entro y salgo del baño en tiempo record, no sin antes retocar mi labial y verificar que no se haya corrido mi delineador de ojos. Cuando vuelvo a la entrada del baño veo a Felipe esperándome. —Estoy lista —digo. Él asiente y estira su brazo hacia mí, el cual engancho al mio con gusto. Lo observo de reojo y las alarmas se encienden al caer en cuenta que este chico es perfecto para inaugurar mi año de citas. —¿Qué quieres para beber? —me pregunta, mientras caminamos hasta llegar a la barra—, pide lo que quieras, guapa. Sonrío, sintiéndome exactamente como quería, como una princesa. —Un mojito está bien. —Lo que su majestad ordene —me guiña un ojo. Nos acercamos al bartender y él saluda a Felipe como si lo conociera. —Un mojito y una cerveza. Lo incluyes en mi cuenta, por favor. Alzo una ceja hacia este chico, sin comprender del todo esta situación. —Al parecer no es tu primera vez aquí —digo a tientas. Él me observa y se encoge de hombros. —Trabajo aquí —muerde su labio inferior—. Me dedico a hacer shows privados, bailes eróticos, despedidas de solteras… Mis ojos se abren de par en par al caer en cuenta de lo que él dice. Observo su vestimenta y realmente tiene buen aspecto como para ser stripper. —Ah, bueno… eso es… sorpendente —sonrío como idiota, sin saber qué decir—. Ganas bien, de seguro. Felipe se carcajea con diversión y luego niega con la cabeza, tomando la copa que el bartender le entrega y dejándola frente a mí. —Es broma, Molly —me guiña un ojo—. Soy el DJ de este lugar, pero mi trabajo comienza dentro de una hora. Me río un poco avergonzada, porque al parecer soy muy ingenua y este chico debe pensar que soy una idiota. —Vale, quería contratarte, pero como dices que es mentira has perdido a una posible clienta...—intento bromear. Tomo un sorbo de mi mojito y luego me giro a ver el rostro de Felipe. Él me observa con una ceja arqueada. —Creo que nos llevaremos muy bien, Molly —dice finalmente. Luego de unos minutos terminamos nuestras bebidas y nos dirigimos a la pista de baile, donde disfrutamos toda la noche de nuestras compañías, a tal punto de que le escribo a Cata disculpándome y contándole que me encontré con quien parece ser mi primer hombre del año. Estaba decidida a abandonar a la Molly torpe y tímida en la que me había convertido. Si quería comenzar con este plan debía sacar las garras y dejar los tapujos a un lado, permitiéndole la salida a mi versión más sensual y atrevida. Mirando los penetrantes ojos verdes de este chico, me prometí a mi misma que la próxima vez que nos veamos, yo sería otra Molly, una mejor versión de mí misma.
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