02: Enero parte 2

1886 Palabras
Pego mi frente contra la isla de la cocina, mientras sostengo una bolsa de hielo en la parte trasera de mi cabeza, tratando de calmar el fuerte dolor que me provoca mi nueva resaca. Esto de ser una chica fiestera, definitivamente no era lo mío, pero, ahora debía comenzar a hacerlo, porque me había comprometido conmigo misma para sacar de mí aquella parte divertida que estaba dormida, quería conocer chicos y salir con ellos hasta que fuese capaz de encontrar al ideal. —Te ves de espanto —escucho la voz de Sergio al entrar a la cocina. Hago un gesto despectivo con mi mano para que no me fastidie, pues lo único que deseo ahora es que todo deje de dar vueltas. —No molestes, Sergio. —¿Segunda resaca del año? ¡Mujer! apenas es dos de enero. Bufo mientras me enderezo para verlo. Él hace una mueca a la vez que se dedica a señalar mis ojos. —Pareces un mapache —menciona, para después girarse hacia la nevera e ignorarme. —Conocí a un chico lindo anoche —le cuento, dejando salir un largo suspiro al recordar a ese sexy DJ, que no dejó de dedicarme canciones durante toda la noche—, Felipe Ignacio, creo que se llama —sonrío como idiota, al ni siquiera estar segura de si aquel era su nombre—. ¿Me creerías si te digo que no le pedí el número? Sergio se echa a reír, mientras se dedica a colocar pan cuadrado, mantequilla de maní, jamón y aguacate sobre la encimera, sin prestarme mayor atención. Vuelve a girarse, por lo que dejó la bolsa de hielo sobre la encimera, para después tomar dos rebanadas de pan, parto el aguacate y comienzo a embarrarlo en las rebanadas. —Él tiene mi número, pero creo que no me llamará —comento, dándole un mordisco al pan—, son casi las once de la mañana, ya me hubiese llamado, ¿No crees? —¿Tan desesperada estás, Molly? Cielo, te recuerdo que hace dos días que terminaste con tu novio de cuatro años. —Yo no terminé, el idiota me terminó, ¿Lo recuerdas? Él suspira, para después volver a girarse. Frunce el ceño en cuanto me ve comiéndome su comida. —¿Qué carajos crees que estás haciendo? —gruñe. —Desayunando, ¿No me ves? —respondo, encogiéndome de hombros. —¡El aguacate era para una mascarilla, tarada! —¿Cómo crees? —gruño, sin dejar de masticar—, ¿Desperdiciar la comida en tu feo rostro? No, gracias. Él comienza a decir cosas incoherentes, lo que me hace pensar que nuevamente me está maldiciendo en latín, cuestión que me provoca un ataque de risa. Amaba a Sergio, sabía que mi vida sería demasiado aburrida si no lo tuviera conmigo, comenzando con su gran necesidad de aprender insultos en latín para no verse vulgar al decirlos en español, ya que, de acuerdo a sus palabras, el ser un respetado abogado lo hace estar en la obligación de tener un porte adecuado frente a la sociedad. Sin duda, Sergio era el mejor amigo gay, el cual todas las chicas querían y que solo yo tenía el placer de tener en mi vida. Bueno, y también Cata, aunque ambos fingían odiarse a muerte. —Hola, ¿Qué hay para desayunar? —pregunta Cata al entrar a la cocina, la observo caminar hacia la nevera, saca la caja de jugo de naranja y la abre para luego beber directamente desde ella. —¿Y tú qué? ¿Ya vives aquí para comenzar a cobrarte la renta? —cuestiono divertida. La pelirroja baja la caja y limpia las comisuras de su boca con la manga de su abrigo. Tuerce una sonrisa y niega con la cabeza. —¿Acaso te dejó otro hombre y ahora amaneces de mal humor? —rebate ella. —¿Y ustedes cuándo es que entrarán a trabajar? Solo llevan un par de días de vacaciones y ya comienzan a hartarme —farfulla Sergio, para después salir de la cocina. Intercambio una mirada divertida con Catalina, para después estallar en carcajadas. Definitivamente, tener a una amiga como ella era genial, hacía de mis días en la empresa más placenteros y entretenidos, la amaba tanto como lo hacía con Sergio, adoraba la forma loca en que trataba de fingir ser una pelirroja natural, como lo era siempre cuidar que sus raíces negras no se viesen, y dibujar pequeñas pecas en sus mejillas cada día. Al final, terminamos por comernos todo lo que Sergio había sacado de la nevera, para concluir tiradas en la alfombra del living, viendo un maratón de Anatomía según Grey. (...) Apenas cae la noche, Sergio se va del departamento, en dirección a la casa de sus padres y nos pide a Cata y a mi que por favor no quememos el departamento, pongamos nuestras vidas en riesgo o algo por el estilo. Los padres de Sergio también viven en Madrid, por lo que su viaje no será tan extenso, pero aún así, él no puede dejar de preocuparse por nuestro bienestar en su ausencia. —Ahora que estamos solas, ¿Puedes explicarme por qué diablos me dejaste sola anoche en el antro? Observo a Catalina y me sonrojo de inmediato al recordar a Felipe Ignacio, el sexy Dj de penetrantes ojos verdes y cabello largo que anoche me hizo perder la noción del tiempo y con el que me divertí como hace tiempo no lo hacía. —Conocí al Dj del lugar y me invitó una copa —muerdo mi labio inferior, evitando la curiosa mirada de mi amiga—, también estuvimos bailando y fue muy divertido, lo único que me tiene preocupada es que no me ha llamado aún para volver a vernos. Quizá solo fue lo de anoche y ya... —¿Hubo sexo? —pregunta directamente la pelirroja. Me espanto y niego con la cabeza de inmediato. —¡No! —siento mi rostro arder a causa de la vergüenza—. Solo bailamos y coqueteamos. No quisiera ilusionarme tan rápido, porque no lo conozco aún, pero la verdad es que es muy guapo y divertido. Creo que es el chico perfecto para mí. Debo parecer una loca ilusionándome tan rápido, pero la verdad tengo que reconocer que siempre he sido muy intensa respecto a mis emociones, sobretodo en las relaciones románticas. —Amiga, estás soltera y puedes salir, conocer y acostarte con quien quieras —me guiña un ojo—, solo ten cuidado y no te apresures, porque vienes recién acabando una larga relación. Cada cosa debe ir a su tiempo, tienes mucho que sanar aún. Sé que Catalina tiene razón, pero pese a eso, mi mente me traiciona y trae a Max en mis pensamientos. —Es que aún no entiendo por qué Max decidió terminar conmigo —susurro apenada. —Porque simplemente es un idiota y además, es un cobarde. ¿Quién acaba una relación de tantos años así como así, por una llamada telefónica? La pregunta de mi amiga flota en el aire y comienzo a sentir una rabia crecer en mi pecho. Maximiliano fue todo un cobarde al terminar conmigo por teléfono y eso es algo que nunca podré perdonarle. —Es cierto, no fue capaz de darme la cara para acabar con esta relación. —Bueno, siempre fue un idiota, pero nunca esperé que a este nivel —reconoce la pelirroja a mi lado, girando los ojos con una mueca de desagrado en el rostro. Catalina nunca fue partidaria de mi relación con Maximiliano, ella siempre me dijo que no le gustaba ese chico para mí, pero que me apoyaba de igual forma, porque después de todo, eso es lo que hacen las buenas amigas: apoyarse en las buenas y en las malas. —Lo peor es que mis padres lo amaban como si fuera un hijo más de ellos —me lamento y bajo la mirada—. Sé que me van a reprochar el haber acabado mi relación con él. —Pero no es tu culpa, Molly —murmura, dibujando una sonrisa en sus labios—. Además, son tus padres y tendrán que superar que ahora ya no estás con Maximiliano y que debes rehacer tu vida como a ti te caiga en gana. —Lo sé, pero sabes que mi madre a veces es una persona difícil de convencer. No me sorprendería que ella piense que yo tiré mi relación por la borda y que la ruptura fue mi culpa —suspiro agobiada. No quiero ni pensar en todas las barbaridades que mi madre me dirá una vez se entere que Maximiliano ha terminado conmigo. De seguro, me culpará a mí y no estoy lista para soportar eso. —Bueno, tendrá que superarlo en algún momento —Catalina se encoge de hombros y me hace reír al mostrarse tan despreocupada. —Eso espero. —¿Sabes? Creo que tengo una idea que te ayudará —dice ella con decisión—. Vamos a hacer desaparecer el fantasma de Maximiliano, para que por fin se vaya a la mierda y deje de joderte la vida. No entiendo a qué se refiere, pero cuando mi querida amiga se pone de pie para colocar pausa al capítulo de Anatomía según Grey y camina hasta mi habitación, sé que no es nada bueno. Me coloco de pie y voy tras ella, esperando lo peor. —¿Qué piensas hacer, Cata? Mi amiga toma una bolsa negra gigante y la coloca sobre mi cama, para después señalarme con su dedo índice. —Debes colocar todo lo que te recuerde a él aquí y después mandaremos la bolsa al fondo de tu armario —explica la pelirroja con una gran sonrisa—. No podrás olvidarlo si todo te recuerda a él, por lo que lo vamos a enterrar en las profundidades de tu armario, donde no podrás verlo y recordarlo en cada momento. Su idea me parece genial y sé que tiene razón, porque si quiero seguir adelante con mi vida, debo borrar el fantasma de mi maldito exnovio. Tomo aire y me armo de valor para comenzar a seleccionar todo lo que me recuerda a Maximiliano, que en realidad son muchísimas cosas. No es sencillo hacer desaparecer una relación de cuatro años así como así y esto me queda aún más claro cuando observo sobre mi cama las cinco bolsas de basura llenas de recuerdos que he recopilado en tan solo una hora. Me parece irreal que esté haciendo esto, borrando a Maximiliano de mi vida por completo. Un cosquilleo nervioso se instala en la base de mi estómago, haciendo que sienta ganas de vomitar y no sé si es por la resaca o por el gran paso que estoy dando. —¿Y ahora? —pregunto con la voz temblorosa. Quiero llorar, pero me contengo, porque Maximiliano no merece ninguna lágrima más de mi parte. Ya ha sido suficiente. —Ahora puedes continuar con tu vida, cariño. Inhalo profundamente y me permito tener la esperanza de que así sea, que esto me ayude a sacar a Maximiliano de mi vida y poder continuar con mi propósito de año nuevo: Un chico cada mes, hasta encontrar al indicado.
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