—¿Cómo que Isabella no está? —pregunta con frialdad—. ¿¡Dónde está mi hija!? —ante mi falta de respuesta su rostro comienza a distorsionarse y avanza hasta mí, para pasar por mi lado y entrar al vestidor de niñas, donde comprueba lo que le digo. El vestidor está vacío y no hay rastros de Isabella. —¡Solo escuché que ella gritó y cuando la busqué ya no estaba! —le digo apresurada, tras él—. ¡Yo estaba aquí esperando por ella! —señalo la pared frente a nosotros, pero Luciano me hace a un lado de forma brusca y luego se lleva las manos a la cabeza mostrándose desesperado. —¿¡Por qué la dejaste sola!? —pregunta con la mirada fría y a gritos—. ¡Estaba a cargo de ti, Molly! Sabes que hay un loco tras de tí, esto es… Sollozo sin poder controlarme cuando le doy sentido a las palabras del ho

