Pasamos toda la noche del domingo metidos en la comisaría, esperando noticias, viéndonos las caras los unos a los otros al no tener ni la menor idea de lo que deberíamos de hacer. Teníamos la esperanza de que hubiese alguna llamada pidiendo algún rescate, o que simplemente Cristopher me contactara, aunque sea para molestarme, pero, no hubo nada, ni un puto mensaje, lo que hacía que la angustia en mí creciera aun más al no saber qué hacer, no se lo decía a nadie, pero, temía por la vida de Isabella. El ruido de mi celular me hace dar un respingo, ni siquiera me había dado cuenta de que estaba a poco de quedarme dormida, dejo salir un lento bostezo y tomo la llamada al ver que es de parte de Paolo. —¿Molly? —Hola, Paolo —lo saludo con tristeza. —¿Cómo están? ¿Cómo estás? ¿Cómo está Lu

