ANDREA SU AMIGA Y PROTECTORA

1549 Palabras
Nataly pensaba en sus padres, que diferente hubiera sido si ellos estuvieran vivos, en ese instante en un lugar extraño ella los extrañaba más que nunca. Al paso de unas horas el taxista le aviso que habían llegado, la joven adormilada y cabizbaja al ver por la ventana quedo asombrada, era un lugar lindo, y al frente había un hermoso parque, las luces de la noche lo hacían ver un lugar mágico. Al ingresar al lugar ella solo se abrazaba así misma, la gente la miraba, su ropa no era adecuada para ese lugar, en ese instante un joven se le acercó para saber que necesitaba. Ella le dijo que buscaba a la señora Andrea, el joven con una sonrisa cálida pidió que esperara un momento. Nataly miraba todo de lado a lado, era un lugar hermoso, sofisticado, de pronto escucho una voz suave llamarla. —Nataly Wilson —Menciono la bella dama. —S-soy yo —La joven no dejaba de abrazarse, los nervios los tenía a flor de piel. La mujer elegante la tomo con delicadeza del brazo y la llevo a su oficina, le pidió que se sentara mientras que pedía que les traiga un chocolate caliente para que pueda relajarse. —Mi madrina me llamó y me pidió ayuda, no pude negarme, esa mujer es como mi madre. —Menciono la dama. —Gracias muchas gracias. —No hay de qué jovencita, ahora bien, lo primero es que me cuentes de ti, necesito saber todo de ti para estar preparada para ayudarte, luego te instalaré en mi casa. —Gracias —Nataly se levantó y abrazo a la señora, dejándola sorprendida. Nadie sabía que la hermosa dama era una mujer solitaria, nunca se casó porque su amor se casó con otra, eso la marco para toda su vida. Vivía sola, era hermosa para su edad, los pretendientes no le faltaban, pero ella los alejaba sutilmente. Su vida solitaria solo la compartía con doña Matilde, su madrina era como su madre, pero la anciana era terca y no salía de ese pueblo. Para Andrea no era suficiente las llamadas por teléfono con su madrina, ella deseaba traerla a la capital, pero doña Matilde se negaba, ya que sus recuerdos los tenía allá. Luego de un rato de lágrimas y consuelo, Nataly fue instalada en la casa de Andrea, le pidió que durmiera, que descanse, que mañana sería otro día y las cosas serían mejor. Mientras Andrea se iba a su habitación meditaba como la vida podía ser tan desdichada para personas tan puras y buenas, ella misma se dijo que no dejaría a la joven sola, la ayudaría, era momento que la joven sea feliz. Al día siguiente Nataly despertó tranquila, el silencio reinaba en el lugar, era un lugar acogedor, nunca había dormido en una cama tan suave. Al salir de la cama vio un vestido floreado muy lindo en el sillón, con una nota. Nataly sonreía, sentía que había una luz en su vida, dios era bueno con ella, siempre encontraba a alguien que le brindaba una mano. Pero su felicidad no era completa, extrañaba a doña Matilde, esperaba algún día volverla a ver. Se dio un baño, se cambió apresurada, había dormido mucho, se vio en el espejo y se quedó estática por un instante, realmente era ella. Se veía realmente linda. —¡Buenos días! —saludó con alegría a todo el personal que ya trabajaba en la cafetería. —Buenos días, linda, la señorita Andrea te espera en su despacho —dijo el mozo que conoció ayer. —Gracias iré para allá. Nataly toco la puerta y paso mirando a la hermosa mujer en una llamada, esa mujer era hermosa y sofisticada y su forma de hablar otro idioma la sorprendía. Andrea la observó un segundo y con una sonrisa le pidió que se sentara mientras ella terminaba de hablar de negocios. Nataly miraba el lugar, ahora podría apreciarlo mejor, ya que era de día, el lugar era hermoso, el parque era asombroso. Y de pronto vio una foto en el buró de la oficina que la hizo tomarlo y acariciarlo. Era doña Matilde, abrazada con la señorita Andrea, sonreían felices. —La extrañas —Nataly giro sin darse cuenta de que la llamada había terminado. —Si mucho —Acaricio el cuadro dejándolo en su lugar. —Yo también, esperemos que en un futuro no muy lejano ella venga con nosotras. Ambas miraban la foto con nostalgia, esa anciana era un ángel. —Bien, Nataly dime que tienes pensado. —Pues me gustaría trabajar y así estudiar —dijo tímida. —Y así será, tus documentos llegarán pronto —sonrió Andrea. —¿Cómo lo logro? —indago Nataly. —Pues fácil corazón, todo se mueve con dinero, influencias y yo hice uso de eso, así que como quieres trabajar lo harás, pero aquí donde pueda cuidarte, luego iras a la escuela más cercana para que culmines tus estudios y te prepares para la universidad. —Gracias, muchas gracias, no le fallaré —y por fin Nataly le entregó una sonrisa genuina, radiante llena de esperanza. Andrea estaba complacida, sabía que la joven no la defraudaría. Y así paso el primero mes, la joven aprendió rápido y estaba ahora en el área de recepción, los clientes venían felices al ver una joven hermosa con una sonrisa angelical y llena de vida. Nataly se despeñaba bien en su puesto de trabajo y su tiempo estudiantil empezó de maravilla, luego de una evaluación le informaron a Andrea que el próximo año la joven estaba lista para la universidad, eso la alegro mucho y cuando llamaron a doña Matilde la anciana estaba complacida, sabía que su niña lo iba a lograr. —Nataly linda, como sabes hoy tenemos un evento que asistir, es el cumpleaños de un gran amigo, así que iremos juntas. —Estoy nerviosa, espero no hacerla quedar mal. —Tranquila, cariño solo es un evento de ricos, iremos un momento, conversaré con algunos conocidos y nos iremos, quiero que vayas para que te distraigas. —Está bien, la acompañaré. Y como negarse, si la mujer era tan buena con ella. —¡Entonces vamos de compras! —sonreían como dos amigas. Porque eso eran, en el poco tiempo, Andrea se hizo cercana a Nataly y la trataba como su familia. … Llego el momento de irse y ambas salieron preciosas, el chofer silbó mientras la señorita Andrea sonreía por lo ocurrido, Nataly llevaba un vestido color dorado, se veía resplandeciente, ella estaba en el inicio de la primavera en su edad, pero el maquillaje suave y el vestido la hacía ver un poco más madura. Mientras que Andrea portaba un vestido ceñido color n***o con brillos plateados, su vestido era de una diseñadora francesa, detallando el aura sofisticada que portaba, llevaba bien puesto sus cuarenta años. Al llegar las miradas curiosas se posaron en la jovencita, ella sonreía tímida mientras que Andrea le decía que nunca baje la mirada. Al hacerse notar ambas mujeres llegaron a su lado dos conocidos de Andrea, conversaban un poco y le preguntaban quién era la jovencita, mientras que Andrea decía que era su ahijada, que cuiden los colmillos porque ella no era carne facil, todos reían por lo dicho. Nataly fue invitada a bailar por algunos jóvenes, ella se ponía nerviosa, pero Andrea le daba una sonrisa invitándola a que disfrute el baile, luego de un instante ella volvió al lado de su compañera, en ese instante Nataly se disculpó para salir al tocador y Andrea le pidió que no demore porque era momento de volver. Mientras Nataly caminaba muy cerca del tocador, observó a un joven lastimando a una chica, la tenía acorralada, ¿qué podía hacer? No quería meterse en líos, pero ¿cómo no hacer nada? —Hey déjala, estás lastimándola —dijo Nataly. —¡No es tu puto problema largo! —dijo el hombre sin verla. —Cobarde, gritaré pidiendo ayuda —dijo Nataly sin moverse, sin saber de donde le salió el valor. El hombre giró molesto y quedo asombrado con la belleza de la joven valiente. En ese instante la otra joven salió corriendo del lugar, dejándolos solos. —¿Cobarde?, eh ahora verás —dijo acercándose lentamente a Nataly. Nataly no sabía qué hacer, estaba asustado, pero no dejaría ver su temor, ya no, ella no debía temer a nadie. En ese instante el joven la tomo del brazo haciendo presión y acercándola a su cuerpo, ella luchaba por soltarse y una voz los hizo voltear. —Déjala en paz, ella vino conmigo. —Perdón. —Como lo escuchas, déjala ahora. —Si no que —En ese instante un golpe llego al rostro del joven que la tenía aprisionada, mientras que el otro se instaló delante de Nataly en forma protectora. No sabía como reaccionar, Nataly estaba aturdida, solo caminaba de la mano del joven que la salvo, ya que luego de golpear al abusivo la tomo del brazo para sacarla de ese lugar. Luego de unos minutos llegaron a una gruta de la mansión, ella respiraba agitada y el joven se volteó para saber cómo estaba. Ambos jóvenes no se movieron, solo sus miradas se toparon haciendo que sus corazones dejaran de latir apresurados.
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