VOLVIENDOSE A ENCONTRAR

970 Palabras
—G-gracias —murmuro nerviosa. —No hay de que, me disculpo por el mal comportamiento de mi primo, es un joven con un juicio difícil. —Hablaba el joven con una mirada que ponía nerviosa a Nataly. Ella no salía de su trance, no podía dejar de ver al joven que la salvo, alto, apuesto, atlético, con unos hermosos ojos verdes claros, vestido de una forma muy elegante y caballeroso, ¿cómo podría tener un primo tan malvado? —Me presento hermosa dama, me llamo Robert, un gusto conocerte. —Un gusto, mi nombre es … —Nataly, cariño te encontré, es hora de irnos, pero miren, el joven Robert estaba por aquí. —Señorita Andrea, un gusto verla —El joven sonríe, deseando conocer más a la joven, pero Andrea la toma de la mano para avanzar a la salida. Robert había quedado igual que Nataly sintió un choque eléctrico al tocar la mano de la joven, parecía un ángel tenía un aura inocente y su sonrisa le pareció la más hermosa que pudo ver en su vida, en definitiva debía saber más de ella. Pero al salir de su trance y al querer ir detrás de ella, su primo lo detuvo para encararlo. —Acaso quieres morir. —Por favor deja de ser un dolor de cabeza y empieza a comportarte, las mujeres no son juguetes. —Eso a ti no te importa, no me colmes la paciencia Robert. —Madura de una puta vez entonces y deja tus amenazas. —Por lo menos yo hago lo que quiero y tú vives bajo las órdenes de la familia, no tienes vida, eres un títere Parrish. —¿Tú vives una vida? ¿Salir de fiesta, juegos de azar, lastimar a chicas indefensas y drogas es vida? —D-drogas que dices… —Lo sé todo, acaso olvidas que vamos en la misma universidad, cánsate es tu último aviso o hablaré con mis tíos, ellos buscaran una solución. —No les dirás nada porque si no. —¡Si no que! Por última vez te lo digo recapacita y cambia. Robert sale molesto, no soporta a su primo, pero que mal está pagando su tía, ella tan buena madre y su único hijo es un dolor de cabeza. Al ingresar al gran salón para buscar a Nataly es interceptado por su padre, era su cumpleaños y como cada año venían amigos empresarios de todas partes. Robert estaba frustrado, quería encontrar a la joven y conocerla un poco más, pero era imposible ahora. Ya vería la forma de encontrarla, se decía mientras sonreía cuando su padre lo presentaba. … Había pasado una larga semana para Nataly, la joven había quedado encantada con su salvador, porque nunca en su vida olvidaría como Robert la defendió, Robert, ese nombre del hombre más bello que había visto en su vida. —Es apuesto, verdad. —Sí —Suspiraba la joven sin darse cuenta de que se estaba exponiendo. —Nataly cariño tierra llamando a Nataly. —Hay dios que vergüenza —Nataly se tapaba el rostro con ambas manos, no dejaría que vean su rostro sonrojado. —Ja ja ja tranquila muchacha, pareces un tomate —Reía Andrea. —Por favor Andrea no me avergüences más —sonreía Nataly. —Ok muchacha, dejemos los suspiros para otro momento, dime como van las clases. —Voy de maravilla. —Esa es mi chica, ahh me olvidaba doña Mati llamó, nos envió saludos y siento que pronto la tendremos con nosotras. —Le he pedido a dios que me conceda el milagro, la extraño mucho. —Pues ya se verá. Nataly nunca preguntaría por su tío y su familia, esa que le hizo tanto daño, para ella, solo doña Matilde, el panadero Dante y Andrea eran su familia. Aproximadamente las cuatro de la tarde y como cada día Nataly tomaba su hora de descanso en el hermoso parque sentada al frente del lago leyendo un libro, ese lugar le daba paz. —Este lugar es precioso, como no he venido antes —Decía la voz varonil, la cual puso nerviosa a Nataly. —¿Robert? —Susurro ella dejando de leer y poniendo la vista en el joven que venía vestido diferente. Portaba ropa casual, un jeans n***o con una polera entallada y en su mano llevaba algunos libros, parecía todo un universitario. —Hola Nataly por fin pude hallarte —Sonreía Robert rascándose un poco la cabeza, haciéndolo ver tierno. —¿Me buscabas? —Pregunto la joven feliz, al saber que el también la llevaba presente. —Claro, eres una chica que no se puede olvidar —Robert paso su mano por su cabello algo nervioso, por exponerse al frente de Nataly, no quería espantarla, pero él siempre era directo al expresarse. Ambos jóvenes se miraban en silencio mientras solo el sonido de la vegetación llenaban sus sentidos. —Puedo acompañarte —Indago al fin Robert para romper la tensión del momento. —Claro, aún tengo media hora de descanso, podemos charlar un poco. Robert sonreía, Nataly no era tímida totalmente, mientras intercambiaban algunos datos personales, él la miraba intensamente buscando quizá el hechizo que ella le había puesto. Mientras Nataly solo sonreía, había dejado la timidez, hablar con Robert, le salía tan natural, él le hacía sentir segura. Los jóvenes prometieron volverse a encontrar al día siguiente para seguir conociéndose. —Mañana te traeré algunos libros interesantes. — Sonríe Robert. —Gracias —Menciono Nataly sonrojándose por el beso en la mejilla que recibió de Robert, el aroma del joven era hechizante. Pero al despedirse una sombra no muy lejos de ahí, miraba detrás de un árbol, poseía una mirada de molestia y a la vez no apartaba sus ojos de Nataly, la mujer más hermosa e inocente que él pudo ver.
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