UN ANGEL LLEGÓ

1209 Palabras
Los días pasaban y los jóvenes como cada día se encontraban en el parque, ha la hora de descanso de Nataly, ella le llevaba un bollo preparado por sus manos, mientras que Robert le agradecía llevándole un delicioso helado de limón con chispas de chocolate, ambos adoraban el helado. Reían por las ocurrencias de Nataly, ella ya no era una chica avergonzada, al contrario, se abría cada día a su amistad con Robert. Él por su parte esperaba feliz la hora de su encuentro, la vida de Robert siempre estuvo llena de riqueza y vacía, las únicas personas que lo hacían feliz era su padre y su tía, pero esta felicidad que tenía con Nataly era diferente, ella lograba hacerlo olvidar todos sus deberes como sucesor de su padre, con ella él podía ser un joven normal. —Creo que he subido unos kilos de más —Reía Robert comiendo su segundo bollo. —Igual yo —Decía Nataly saboreando su helado. Ambos reían por sus ocurrencias. —Gracias Nataly. —Uh mm ¿por qué? —Por darme un respiro diferente, me siento libre a tu lado. La joven se sonrojó de inmediato mientras Robert le apartaba un mechón de cabello de su rostro. —Gracias por darme tu amistad —Respondió Nataly mientas Robert se ponía algo tenso. Él no solo quería su amistad, estaba enamorado de ella, desde el día uno que la conoció. —Siempre y cuando sea tu mejor amigo y el único, pues estamos bien —Sonreía el mientras Nataly se ponía pensativa, acaso él solo la veía como amiga. Ella también esta enamorada de él, era su primera ilusión, pero también sabia que sus mundos eran diferentes, él un joven adinerado con un futuro brillante, el heredero de una gran empresa y ella, pues, una joven luchadora con ganas de comerse el mundo. Ambos jóvenes suspiraban mirando el lago, ese lugar cómplice de su amistad y de sus más profundos sentimientos. … —Nataly te tengo una sorpresa—Decía Andrea cuando la veía ingresar a la cafetería. —¡Cuál...! — respondía la joven animada. Se había despedido de Robert hasta la próxima semana, ya que él tenía que viajar con su padre por negocios, él tenía que aprender mucho de su padre e ir a esos viajes le servían. —Pues vamos a casa y lo sabrás. Ambas damas salieron sonrientes a casa y cuando ingresaron Nataly no podía creer lo que veía, solo había pasado algunos meses que dejo de verla, pero para ella fue una eternidad. —¡Doña Mati! —Gritaba la joven mientras corría a los brazos de la anciana que estaba en el mueble. —Mi niña—dijo la anciana llorando y abrazándola. Había cambiado tanto, ya no era su niña, era una hermosa joven, se veía más sofisticada, llevaba otra ropa y cargaba una sonrisa que hace mucho tiempo no veía en ella. Su Nataly era feliz. —Doña Mati como la extrañe. —Hay si te escuchara un desconocido, diría que no te cuide bien —Reía Andrea. —Por dios nunca digas eso, Andrea siempre serás uno de mis ángeles —Sonreía Nataly. Las tres mujeres se sentaron a tomar el té mientras conversaban, Andrea era la más feliz, por fin tendría a su madrina cerca y podría cuidarla. Doña Matilde les contaba que antes no pudo venir porque tenía que despistar al tío de Nataly el cual la busco hasta debajo de las piedras. Cuando se calmaron las aguas, doña Matilde pudo dejar el pueblo y venir para quedarse con ellas. —Nataly tienes un brillo especial en tus ojitos que te tiene así mi niña —Preguntaba doña Matilde. —Te lo dije Nataly se nota en todo tu ser, pues está enamorada —Dijo Andrea sin filtros haciendo sonrojar a la joven. —Pero él solo me ve como su mejor amiga —Dijo ella en susurro. —Pero qué joven tan tonto, quien no se fijaría en mi Nataly la joven con una sonrisa de ángel —Dijo la anciana acariciando su cabello dorado. —Creo que ambos están enamorados, pero no saben como expresarse —dijo Andrea con determinación. —ja ja ja los jóvenes y sus corazones enamorados —reía la anciana mientras Nataly se tapaba el rostro. Ellas reían felices, parecían viejas amigas que se veían después de un gran tiempo, tres generaciones diferentes pero con almas parecidas. —Verdad me olvidaba, mira, Nataly, esto te enviaron —La anciana le entregaba una carta del panadero Dante. Mientras que las otras damas conversaban, Nataly se separó del grupo para leer la carta. Mi querida Nataly, espero estés bien y por fin seas feliz niña, dona Matilde, te ha dado alcance para que tu felicidad sea completa, por aquí me quedaré yo al frente de la panadería de tus padres, aunque tu tío sea un ser malvado yo no dejaré el negocio que con tanto esfuerzo construyeron tus padres, seguiré trabajando para ellos y ayudando a los niños desvalidos del pueblo llevando como cada domingo un saco de pan para que sea distribuido, seguiré en plan de lucha aquí por tus padres y por ti. Quiero contarte que pronto seré papá si como lo lees, y adivina que será, una niña. La llamaré Nataly como tu mi niña, eres una joven que me ha enseñado que aunque la vida sea dura uno puede salir adelante y sonreír. Cuídate mucho y cumple tus sueños, espero algún día poder verte, sin más me despido con los mejores deseos, tu panadero preferido don dante. Posdata te envío la receta de mi tarta de chocolate que tanto te gusta. Nataly estaba emocionada, lloraba en silencio abrazando esa carta, don dante siempre fue bueno con ella, y él sabía el valor sentimental que tiene esa panadería para ella, sabía también que la paga no era buena, pero él haría un sacrificio por ella por el negocio de sus padres. Se sentía de una forma aliviada. Pronto cumpliría sus metas y volvería al pueblo para agradecer en persona a don dante, su panadero favorito. Pasaron los días y la vida no pudo ser mejor para las tres mujeres, Nataly como cada tarde se encontraba sentada debajo de un árbol leyendo una novela. Pero de pronto un ramo de flores quedo cerca de su rostro, ella pensaba en Robert y al momento de mirar hacia la persona se dio un susto de muerte. —Hola Nataly. —¿Qué hace aquí? —Dijo la joven incómoda por la cercanía del extraño. —Vine a pedirte disculpas, me porté mal ese día —dijo con una sonrisa falsa. —Las disculpas se las debes a la joven que estabas maltratando. —Ya me disculpé con ella, pero eres tú quien me interesa. —¿Qué? —Como lo oyes me gustas Nataly. —Pero tú a mí no, lo siento, debo regresar a mi trabajo —menciono Nataly sin coger el ramo de flores, ese joven era extraño. —Serás mía, quieras o no ya lo verás, nadie se niega a Patrick Parrish. Nataly caminó apresurada, nunca en su vida había sentido tanto miedo en esa amenaza, sentía un escalofrío recorrer su espalda.
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