Pasaron dos semanas sin lograr ver a Robert, lo extrañaba mucho, más aún cuando dejo de ir al parque por miedo.
Patrick Parrish no dejaba de perseguirla, le llevaba flores, chocolates, hasta joyas, pero ella simplemente se negaba a recibir regalos de un joven que solo veía a las personas para servirle.
—Mi niña, porque andas distraída —Preguntaba doña Matilde, quien la vio ingresar a casa cabizbaja.
—No es nada, solo cansada, estoy en mis últimos exámenes —Respondió Nataly ella no quería preocupar a doña Mati.
—No me mientas mi niña, ¿es el joven que tanto te gusta verdad?
—No bueno, si es que no se nada de él, ¿estará bien?
—Debe estar ocupado, él lleva mucha carga en sus hombros, mi niña, ya verás que pronto te llama.
—Espero que sí, tienes razón Mati —Nataly calmo su preocupación y sonrió.
Pero lo que no sabia doña Matilde era que Nataly vivía en un miedo constante, no le gustaba encontrarse con Patrick, a cada negativa de sus regalos él se ponía más intenso y colérico.
Pero ella se prometió nunca más temer, su vida estaba cambiando, para bien y él no lograría arruinar su felicidad.
Unos días más tarde.
Mientras salía de clases y se apresuraba para llegar a la cafetería, Nataly sintió un tirón en su brazo que casi logra hacerla caer.
—¡Que te sucede, déjame en paz!
—¡Nunca!... te he dado unos días y veo que sigues de terca, entonces deseas que sea malo, pues seré el villano —Decía Patrick mientras jalaba a Nataly.
La joven luchaba por soltarse, sin embargo, su lucha era imposible, el hombre era joven, fuerte y empezó a llevarla al parque que a esa hora no había mucha gente.
Nataly aprovecho el momento cuando paso una señora y de un tirón se soltó del agarre.
—Detente, nunca podrás huir de mí.
—Déjame en paz, acaso no entiendes que no me agradas.
—No me importa.
—¡¡Suéltame!! —Patrick la había tomado del brazo, pero esta vez con más fuerza.
Ella empezó a gritar, pero él tapó su boca, mientras la sometía detrás de un árbol.
Sin embargo, el momento duro poco, de un empujón, Patrick cayó al suelo, era Robert quien aparecía en escena, su cólera fue tanta que se abalanzó sobre su primo para darle una buena golpiza, era momento de darle su merecido, él no volvería a maltratar a alguna mujer mucho menos a Nataly.
—Nunca le pondrás una mano encima.
—Claro que si ella es mía solo mía.
Patrick se defendía lo mejor que podía, pero Robert estaba poseído, no permitiría que nadie, mucho menos Patrick dañe a Nataly y ver como la sometía lo lleno de ira porque si no llegaba a tiempo el loco de su primo la hubiera lastimado. Mientras Robert le insertaba golpe tras golpe, Nataly se abrazaba así misma.
—¡Robert, por favor para! —Gritaba Nataly.
—Nadie puede lastimarte Nataly, nunca lo permitiré.
—Lo vas a matar, tú no eres como él, déjalo está sangrando mucho.
Robert se detuvo, ella tenía razón, no sería como él.
—Te lo digo por última vez Patrick, Nataly no es como las chicas con las que sales ni las que sometes, ella es diferente, déjala en paz es mi chica, mi novia —Bramo enfurecido Robert mientras que Patrick reía.
—Que dirá el abuelo, ella no es como nosotros, no es de nuestra clase.
—Sabes que nunca me ha importado la clase social, así que por tu propio bien mantente al margen porque si no tendré que hablar con mis tíos sobre tus asuntos en la universidad.
Y con eso, dejo sin palabras a Patrick, el sabía que Robert tenía un punto, si sus padres se enteraban lo que hacía en la universidad lo mandarían al extranjero y sin goce de sus tarjetas bancarias, se limpió la comisura de la boca y limpio su ceja su rostro estaba bien magullado, por ahora lo dejaría pasar, pero pronto saldría de nuevo al ataque y esta vez su primo no podría hacer nada.
Robert caminaba con Nataly de la mano, ella aún nerviosa por lo sucedido temblaba. No podía creer todo lo que había pasado, Robert la había salvado una vez más, se sentía tan agradecida y temerosa la vez.
Al sentir que llegaban a la cafetería, se dio cuenta de que Robert estaba herido, tenía el labio roto y los nudos de su mano llenos de sangre.
—Detente Robert, estás lastimado.
—Perdón no me había dado cuenta, estás temblando, no temas cariño, no dejaré que te lastime.
—Solo fue la impresión de lo sucedido.
—Anda, espérame en el lugar de siempre, iré por el botiquín para curarte.
—Ok, te espero allá, creo que no sería apropiado ingresar así en tu trabajo.
Nataly lo alentó a ir mientras ella ingresaba apresurada al cafetín cogiendo el botiquín, una manta, agua y algunos bocadillos.
Hablo con Andrea prometiéndole contarle todo, apenas regrese, su jefa la alentó a apurarse y le recordó que debía contarle todo lo sucedido.
Nataly se apresuró y al llegar encontró a un Robert pensativo con una mirada triste y perdida.
—Espero no meterte en problemas —Menciono Nataly algo apenada abriendo el botiquín.
—Es lo último en lo que deberías pensar, nunca dejaría que nadie te lastime mucho menos Patrick, él no está bien, mis tíos le dieron todo sin importar nada y he ahí el problema.
—No logro entender, son familia, pero son tan diferentes.
—son muchas cosas Nataly, pero como te mencione un día mi familia solo vive del que dirán y llenar sus arcas de dinero, solo mi padre y mi tía son diferentes.
Ella sentía tanta pena por Robert, ambos sufrieron en sus vidas de diferentes formas, pero lo que compartían era que tenían familiares malvados.
—Con que son tu chica —Menciono Nataly ya más relajada y bromista, ella quería sacar de ese estado melancólico a Robert.
—Quiero protegerte Nataly no sabes como me sentí cuando lo vi encima de ti, nunca permitiré que te hagan daño, tú eres única y especial yo…
—Tú que... —pregunto Nataly sonrojada, mientras terminaba de limpiar el labio herido de Robert.
No sabía de donde salía el valor en su voz, Robert no apartaba su mirada en los labios de la muchacha, estaba embelesado, cautivado y antes de responderle unió sus labios a los de ella, deseando por primera vez en su vida, que este momento nunca se acabe y el reloj se detenga por un largo tiempo.