Nataly seguía en shock su primer beso, para ella fue una sensación única, sentir los labios tibios y carnosos de Robert moverse en una forma sincronizada, fue un beso tierno, lleno de muchas emociones.
—Me gustas mucho, eres única Nataly, te gustaría ser mi chica —Hablaba Robert aún muy cerca de los labios de la joven.
—Tú también me gustas —respondió sonrojada.
Robert sabía que todo esto era nuevo para ella y aunque él no era un experto en los gajes del enamoramiento, sabía que tenían que ir lento, nunca un beso movió tanto en Robert, él estaba seguro de que ella era especial.
Transcurrieron los días y fue Robert quien pidió conversar con doña Matilde y Andrea.
Para informarles que cortejaba a Nataly, el no solo quería conocerla a ella sino también a las mujeres que Nataly amaba, el joven era todo un caballero, así lo educo su padre y Andrea lo sabía muy bien.
En unos de sus viajes con su padre, también le comentó lo emocionado que se encontraba, le contaba lo feliz que Nataly lo hacía.
El padre al enterarse se alegró por su hijo pensando que solo era un enamoramiento de juventud, entonces lo dejo vivirlo, nunca había visto a Robert sonreír de esa manera, su hijo llevaba mucha carga en sus hombros, pero era lo que tenía que vivir por ser el futuro heredero de la empresa familiar.
Pasaron los meses y Nataly estaba por culminar sus estudios para así poder postularse a la universidad. Ella no podía creer que la vida fuera tan buena con ella.
Tenía a doña Mati y a Andrea que la amaban, tenía a Robert quien no solo la amaba, sino que la trataba como si fuera una joya valiosa. Ahora su vida iba a cambiar, empezaría la universidad, un mundo nuevo, el cual ella deseaba conocer y vivir.
—Robert, me voy a caer, ¿qué haces? —Preguntó Nataly entre risas.
Ella caminaba despacio con los ojos vendados, aún no sabía la sorpresa que Robert había preparado para ella y es que ellos eran así desde que empezaron a salir, espontáneos en lo que concernía en su tiempo juntos.
—Cariño, déjate de mover confía en mí —Reía Robert haciéndole algunas cosquillas a su chica.
De pronto ingresaron a un salón oscuro, Robert dejo a Nataly un instante y ella al sentirse sola se quitó la venda de seda de sus ojos. Se asustó un poco al sentir un silencio y una oscuridad que no podía dar un paso.
Pero luego vio una silueta moverse y ella al querer seguirla se detuvo al sentir las luces prenderse.
Los gritos de ¡felicidades lo lograste! Llegaron a ella mientras divisaba a todas las personas que quería.
Estaban todos sus conocidos y un letrero grande que decía próxima universitaria.
En medio del bullicio y de los globos apareció Robert con un ramo de rosas blancas, las chicas suspiraban al ver a Robert, sus compañeras no eran ciegas y Robert era un joven guapísimo con un aura fuerte que demostraba su madurez.
Nataly estaba muy enamorada de él, cada día Robert demostraba cuan importante era ella para él, sus salidas al cine siempre terminaban en risa, su primera comida callejera fue divertida, aunque Robert siempre fue un poco escéptico, ella siempre lo alentó a probar cosas nuevas y esos detalles fueron únicos para él.
No solo el hecho de comer comida que nunca probo, ir al cine en metro, montar bicicleta, o ir a la playa en autos de paga, es que todo esto era una locura para él, pero lo disfrutaba, amaba verla, sonreír, amaba conocer la vida de esa manera con Nataly.
Como decía él, ella era su chispa de vida, ella era su ángel.
—Te gusto la sorpresa —dijo Robert entregándole las rosas y un beso casto que hizo a las chicas suspirar.
—Lo amé, es que estoy tan feliz —Sonreía ella mientras ambos con solo mirarse podían perderse en su mundo sin importar su entorno.
La fiesta estuvo divertida, todos compartían felices, hasta el padre de Robert estaba ahí, nunca olvidaría como conoció a Nataly y supo que ella era la indicada para su hijo, no obstante primero tenía que suavizar el terreno con su familia, no dejaría que ellos opaquen la felicidad de su hijo, él merecía ser feliz. Pero cuando su mirada choco con la mirada de Andrea, sabía que tenían que hablar, la felicidad de los jóvenes dependía de eso.
…
—¿Sabes que no es un amor pasajero, verdad? — Hablaba Andrea mientras movía su café.
—Lo sé y aunque en el inicio pensé que solo era un amor de juventud, pues en la fiesta de hace unos días vi como se veían.
—Así es Marco, no es un amor pasajero, aunque Robert solo le lleve cinco años a Nataly y ella aún es menor de edad, han demostrado en este tiempo que su amor va en serio —mencionaba Andrea, algo pensativa recordando el pasado.
—Aún lo recuerdas, lo piensas, verdad —Indago Marco cambiando el tema, siempre le pareció una mujer fuerte y hermosa.
—Tú lo sabes bien Marco, pensar en Nataly y Robert me hace recordar que aún existe el amor puro, yo ame a tu amigo con todo mi ser en esos años, yo una chica ingenua, sin dinero, creyó encontrar el amor verdadero en un hombre que solo me utilizo por un tiempo —Andrea presionaba sus manos porque recordar dolía aún.
—él no te merecía y tú solo amaste Andrea —Hablaba Marco mientras recordaba como encontró a Andrea luego que su mejor amigo la dejaba en el altar por irse con una modelo.
—Gracias a eso ya no confío en el amor, mejor me veo sola con muchos hombres que desean meterse en estas curvas —sonríen ambos.
—Eres hermosa Andrea, ya podrás abrirte de nuevo llegado tu momento.
—Pues te esperaré Marco, tú eres uno en un millón, pero eso tu mujer nunca se enteró.
—Eres terrible Andrea, sabes que no puedo dejar ese matrimonio, por eso prefieres esperarme porque nunca sucederá ja ja ja, en fin por lo menos los jóvenes nos dan un respiro de vida.
—Nos fuimos a otro tema, mejor te aconsejo que prepares a tu familia y a Robert, sabemos como son ellos, tu padre y la víbora de tu mujer no se quedarán de brazos cruzados.
—ja ja ja mucha razón tienes Andrea, pero yo protegeré a mi hijo, no permitiré que ellos se metan en su felicidad.
—Yo protegeré a Nataly, ella es como mi hija y no permitiré que nadie la dañe.
Ambos amigos se despiden recordando que cada uno vive un mundo de desamor, Marco con una mujer fría, ambiciosa y calculadora, que antepone el dinero antes de su hijo o su esposo y Andrea con la desazón de haber vivido un amor de engaño. Ambos se han prometido resguardar a Robert y Nataly, sabiendo que la familia Parrish es difícil de lidiar.