Había pasado toda una semana desde su regreso. Y luego de unas breves vacaciones era hora de volver al trabajo. Después de unas horas de deporte por la mañana, a Netty le gustaba madrugar para ello y luego de bañarse, arreglarse y tomar un desayuno armonioso con su amado padre, ella se dirigió a la empresa.
Su padre la acompañó, para dejar claro que ella sería la presidenta a partir de ese día. Algunos socios la miraron con recelo, a pesar de que hacía mucho que había demostrado ser muy eficiente. Pero claro está, creían que era mérito de su padre.
Por lo que los siguientes seis meses, se esforzó en dar lo mejor de sí. Había logrado cerrar varios negocios muy beneficiosos para la empresa, dirigía con mano dura pero sin ser tirana. Los socios de la empresa ahora la veían complacidos, se había hecho querer y respetar por todos ellos. Se habían dado cuenta de que su padre la había enseñado muy bien.
Ese día había salido después del mediodía de la empresa, debía regresar temprano porque su novio Erik había regresado y la esperaba en su casa junto a su padre. Manejaba despacio disfrutando el roce del viento por su rostro, quitando así el estrés laboral y pensando en abrazar y mimar a su padre apenas llegue a casa. Mientras suspiraba y miraba las flores, Netty se sentía dichosa por tener un padre maravilloso y un novio que la amaba demasiado.
En cuanto el auto entró a la entrada principal de la mansión pudo divisar de pie en la cima de la escalinata dos hombres. Uno era su padre, a pesar de las canas que ya adornaban los lados de su cabeza, su porte y elegancia lo hacían ver a sus ojos, encantador. Y aunque su fría mirada aterraba a muchos, para ella destilaban puro amor.
El otro hombre a su lado, no se quedaba atrás. Era alto, con un cuerpo fornido y trabajado. Joven, apuesto y ya dirigía la empresa de sus padres, se llamaba Erik. Poseedor de una de las sonrisas más encantadoras que ella conocía. Hijo de una buena familia la cual poseía negocios en común con Visso Internacional. Erick había sido primero su mejor amigo, ahora su prometido. Y a pesar de que era cariñoso, atento, respetuoso con ella. Todo lo que una mujer podía desear encontrar en un hombre, ella solo sentía cariño por él. No lograba amarlo y eso la frustraba.
Se conocieron en la universidad. Junto a su mejor amiga Jane hicieron un buen grupo, que la ayudaron a pasar los días universitarios. Erick tan serio y responsable en todo lo que hacía, admiraba a Netty por ser una joven llena de alegría y a la vez responsable en su futuro, uno por el cual quería ser incluido.
Luego pasó lo inevitable, al verlos tan unidos y disfrutar de su día a día como los verdaderos amigos lo hacen, sus padres arreglaron de inmediato su compromiso. Y aunque ella lo quería mucho, no lo amaba. Pero era feliz a su lado a su manera. Erik por su parte la amaba con delirio, no solamente por lo bella que era físicamente, se había enamorado de su alma caritativa, de lo buena persona que era Netty, siempre pensando en sus padres. Estuvo a su lado consolándola cuando su madre falleció. Supo darle el apoyo que ella necesitaba en ese entonces, y Netty se convenció a ella misma que podría llegar amarlo y ser feliz a su lado.
Por su parte Erik podía sentir que Netty no lo amaba como el a ella.
¿Cómo haría para cambiar ese amor fraternal por un amor carnal? Era la pregunta que siempre traía en su mente. Se prometió a sí mismo luchar día a día para cambiar eso, haría que lo amara.
Netty estaba consciente que no lo amaba, solo lo quería únicamente como amigo. Cuando sus padres le dijeron su decisión de que la iban a comprometer con él, no podía negarse. Los amaba demasiado para ir en contra de la voluntad de sus padres, pensó que con lo bueno que era Erik de seguro ella llegaría amarlo de esa manera, tal vez en el transcurso del tiempo de casados ella llegaría a desarrollar ese amor por él. Así que se resignó a casarse sin amor.
Todo eso había pasado por su cabeza analítica, en lo que llegaba al portón de su casa, bajaba del auto y corría con pasos agigantados hacia los brazos abiertos de su padre. Disfrutó del estrecho abrazo de su padre, apoyando la cabeza en su fuerte pecho para escuchar el ritmo acompasado de su corazón, sintiendo como él le acariciaba y besaba su cabello. Cerró los ojos aspirando su aroma, quería quedarse allí, para ella ese lugar era su refugio, donde se podía olvidar de todo. Pero la voz quejosa de su prometido la trajo a la realidad.
— ¡Netty, yo también quiero un abrazo como ese cariño!
— No te pongas celoso Erik, aquí la tienes —dijo su padre mientras palmeaba la espalda de Netty empujándola hacia los brazos de Erik. Lo cual hizo ella de no muy buena gana.
— Erik, eres un actor de primera. Te vi en la empresa esta mañana, ¿lo olvidaste?
— Cariño —susurró Erik en su oído, mientras la estrechaba en sus brazos— te extraño a todas horas, no veo el día en que al fin nos casemos para no separarnos jamás.
Netty se dejó abrazar, apoyó suavemente sin estrechar sus manos en su cintura. Se sentía tan extraña entre sus brazos, como si deseara que fueran otros, los de aquel desconocido de sus sueños. En los de él se sentía plena, segura, feliz. Suspiró mientras sabía que debía casarse con Erik, pero no aún. Trataría de alargar ese día. Erik seguía estrechándola con amor, aunque podía percibir su incomodidad y eso le dolía, porque él la amaba de veras.
— Hola, ¿y para mí no hay abrazos? — Preguntó una sonriente Jane, haciendo que ambos se separaran.
Jane era la mejor amiga de Netty, desde la universidad. No era de una familia adinerada como ellos, pero si muy estudiosa y responsable. Con su esfuerzo había obtenido una beca en la universidad que estudiaban ambos. Enseguida Netty y ella congeniaron y se hicieron inseparables junto a Erik.
El padre de Netty, Don Albert, le agradó mucho esta jovencita. Porque se dio cuenta de que la chica era muy honesta y de buen corazón, era realmente amiga de su hija por Netty, no por su dinero. Jane y Netty se enfrascaron en una amena charla. Olvidándose de los dos hombres.
— Erik —lo llamó Don Albert, haciendo que quitara la vista de encima de las jóvenes que reían felices —acompáñame por favor a mi estudio, a tomar una copa de vino.
— Si señor.
Ambos se alejaron sin que las chicas se percataran de ello. Netty tomó una mano de su querida amiga y se la llevó a su habitación.
— Netty, no vas a creer lo que estaba recordando el otro día.
— ¿Qué cosa?
— Mi primer beso.
— ¡Ja, ja, ja, tú querrás decir el desastre de lo que fue a ser tu primer beso ja, ja, ja mira que besarle el ojo al chico ja, ja, ja!
— ¡No te burles, es que cerré mis ojos, lo sabes! Pero sí, fue muy extraño y gracioso ja, ja, ja de seguro nadie ha tenido un primer beso como el mío ja, ja, ja.
Ríen las dos sin parar sentadas en la cama de Netty. Aunque las enormes y escandalosas carcajadas de Netty hacían que Jane, se ruborizara de la pena, pero sabía que su amiga no se burlaba de ella con malicia. Era muy feliz de haberla encontrado, nunca imaginó que, por ser tan buena en sus estudios, Don Albert la contrataría en Visso internacional, esa empresa contrataba a los mejores y ella ahora trabajaba para ellos por sus propios méritos.
Para alegría de Netty, pues Jane era su mejor amiga, trataban a pesar de su atareada agenda de almorzar todos los días juntas, así relajarse y tomarse unos minutos en el día conversando de sus cosas. Como hoy, que estaban comiendo una sabrosa comida que a Jane, la volvía loca, aunque Netty estaba distraída.
— ¿Qué tienes Netty?
— Nada Jane.
— ¿Es algo de la empresa? ¿Algún problema en que pueda ayudarte?
—No, todo está bien con la empresa.
—¿Entonces es Erik?
— No chica, Erik apenas me da problemas. Es aquel sueño o visión, que no me deja. Lo veo cada vez que cierro los ojos.
— Mi amiga, te dije que no debías aceptar el compromiso con Erik. Netty tú necesitas amor en tu vida, y esos sueños o visiones que tienes son el aviso de eso. ¿Quién es ese hombre Netty? Tienes que averiguarlo, estoy segura de que te están avisando, que tu verdadero amor está esperando por ti, mi amiga.
— Jane, eres muy romántica. Mi futuro ya está trazado— menciona mientras suspira mirando a lo lejos, para luego girarse para su amiga— ¿de veras crees, que puede ser mi verdadero amor?