Como todas las mañanas Netty se levantaba muy temprano, para salir a correr por toda la propiedad. Tenían un gimnasio en casa, pero ella prefería el aire fresco, los olores de la naturaleza, la brisa chocando en su rostro.
La primavera había llegado. El clima era ahora cálido algo que hacía que disfrutara más el placer de correr, el aroma de las flores por todo su recorrido la hacían sentir realmente en un paraíso. Era realmente feliz en su casa, con su padre.
Mientras hace unos ejercicios de estiramiento en una parte del jardín, no ha dejado de observar a su padre que se pasea de un lugar a otro como si algo le preocupara mucho. Estaba realmente ansioso, a tal punto que Netty prefirió dejar de hacer lo que hacía e ir a averiguar que lo tenía así.
— Buenos días, papá. —Él estaba tan ensimismado en sus pensamientos que no la escuchó. Por lo que Netty tuvo que volver a llamarlo esta vez más fuerte.
— ¡Papá! ¿Por qué vas de un lado a otro? ¿Estás bien?
— ¡Cariño disculpa, no te había visto! —saltó asustado al escuchar su voz— no es nada, tengo demasiadas ideas en la mente, eso es todo.
— ¿Puedo ayudarte en algo? ¿Qué es?
— Ya te dije que no es nada cariño, es que me queda muy poco tiempo, las horas no me alcanzan para la cantidad de cosas que debo hacer. Desde ayer no duermo arreglándolo todo, y aún no termino. Pero no te preocupes hija, todo saldrá bien.
— ¡Papá, ahora si me estás asustando! ¿Qué es eso que dices? ¿Para qué tienes poco tiempo? ¿Qué es eso que no te deja dormir? Papá, ¿estás bien, no te sientes mal verdad? No me ocultes nada papá.
Don Albert, que hasta ese momento continuaba dando cortos paseos de un lado a otro, se percató que con la manera en que había hablado asustó a su hija. Se detuvo para ver como Netty estaba a punto de entrar en pánico, y de echarse a llorar ante el miedo de perderlo como a su mamá. Se da un golpe en la frente, como si se regañara él mismo. Se acerca y la toma por ambas manos.
— Disculpa hija, no quise asustarte con mi proceder. Netty mírame, tú padre está bien de salud. Solo es la emoción de la fiesta de tu cumpleaños. Es la primera vez que lo estoy organizando yo solo hija, no tenía idea de que había que hacer tantas cosas.
— Pero papá, si has dirigido toda tu vida a una gran empresa, una fiesta no es nada para ti. Me asustaste, creí que te pasaba algo malo.
— Netty, dirigir una empresa es un juego de niños para mí. Pero organizar tu cumpleaños, es algo que me está volviendo loco. No sabía que tenía que escoger entre tantas cosas, que si quiero las flores rojas o azules, que tipo de flores quiero. ¿Sabías que si pido tulipanes blancos me los pueden traer no sé de dónde?
— Ja, ja, ja papá, ¿por qué no buscas a alguien que se dedique a organizar fiestas? Aunque sabes que yo puedo celebrarlo solo contigo, y sería el mejor cumpleaños de mi vida.
— No hija, no me digas eso. Quiero hacerlo como lo hacía tu madre, quiero que este cumpleaños sea especial.
La expresión de Netty cambió en cuestión de un segundo al escuchar a su padre mencionar a su adorada madre. Sí, ella le celebraba unos inolvidables cumpleaños. Ella sola era la alegría de la fiesta.
— Mamá… —. Se escapó de los labios de Netty. Albert la miró notando la expresión de dolor en el rostro de su hija, junto a las lágrimas en sus ojos que pujaban por salir.
¿Cómo pudo ser tan torpe? Se preguntó, se acercó y la estrechó contra su corazón.
— Perdóname hija, no sé lo que digo. Sé que la extrañas más en este día. Pero aunque tu madre no esté presente con nosotros. Ella me dejó escrito todo lo que debía organizar para este cumpleaños.
— ¿De veras papá? ¿Mamá hizo eso?
— Sí hija, ella me dio las ideas y detalles para hacer en este cumpleaños. Estaba tan emocionada con este día hija. No llores amor, todo irá bien, papá se encargará de todo como le prometió a mamá. Lo haré hija, ya verás.
— ¡Papá! ¿No sabes el susto tan grande que he pasado? Uff… En serio me asustaste, pensé lo peor —dice Netty desprendiéndose de sus brazos y limpiando rápido sus lágrimas para que su padre no las vea —pensé que te pasaba algo serio.
Albert sonríe y se hace el que no la vio llorar. Sabe que ella la extraña tanto o más que él. Su esposa era la razón de vivir de ambos. La alegría de la casa, su risa cantarina, su manera de hacer que todos hicieran lo que ella quería de un modo feliz. No tenía que ordenar nada, la servidumbre era feliz ayudándola. Era un amor de persona. ¿Por qué dios tuvo que llevársela tan pronto? De seguro faltaría un ángel en el cielo.
Piensa mientras con su brazo rodeando los hombros de Netty, se introducen en la casa. Al llegar al salón, ella se gira dándole un beso en la frente.
— No te preocupes papá, yo sé que lo harás muy bien. Será una fiesta grandiosa.
Albert la ve subir las escaleras pensativo. Tiene tanto miedo de la reacción de su adorada hija, cuando le cuente toda la verdad. ¿Cómo reaccionará al saberlo? ¿Se sentirá traicionada? ¿La perderá?
Sacude su cabeza y se dirige a su despacho, donde lo esperan varias personas que lo ayudan en la organización de la fiesta de cumpleaños de su hija. Al pasar por frente al enorme retrato de su esposa sonriente, se queda un momento mirándola, roza con su mano el cuadro. Apoya su frente en el mismo, mientras murmura.
¿Hacemos bien querida, en contarle todo?