Después de que Anthony se fuera, Nataly, con una sonrisa maliciosa, decidió provocar a Alexander una vez más. Marcó su número, sabiendo que cada llamada suya era como una astilla en el zapato de Alexander. Por su parte, el CEO decidió ignorar las llamadas, ya que aún no encontraba la manera de resolver ese asunto, ya que Damien falló en su intento de hacerla desistir de sus exigencias. Después de varios tonos, el teléfono de Alexander dejó de sonar por unos momentos, para posteriormente recibir un mensaje de texto. Alexander lo abrió y al ver que su amante seguía insistiendo en provocarlo con hacer público su embarazo si no se hacía responsable, lanzó un fuerte puñetazo al escritorio. —Maldita seas, Nataly. Pero está bien, si quieres que las cosas sean así, pues que así sean. Pobre es

