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Capítulo 1
Alexander conducía su auto deportivo a toda velocidad, ya que era un gran fanático de los autos deportivos y sentía una gran fascinación por la adrenalina. Emily, su esposa, quien iba sentada en el asiento del copiloto, sentía que el corazón se le quería salir del pecho debido al miedo que estaba experimentando.
—Alexander, por favor, baja la velocidad— decía ella sumamente nerviosa.
—Ya basta, no seas dramática, ya sabes que me encanta correr, no sé por qué te empeñas en acompañarme si te vas a poner así — gruño Alexander.
La pobre Emily no sabía qué decir y las lágrimas empezaron a correr por su bello rostro. De pronto, el excéntrico millonario, haciendo gala de su prepotencia, detuvo bruscamente el coche, haciendo que la pobre chica se desplazará bruscamente en el asiento. Ella emitió un grito de dolor causado por la presión del cinturón de seguridad.
—Ya me tienes harto, mejor bájate. Regrésate como puedas, me molesta estar cargando con estorbos como tú—.
—Estás loco, no me puedes dejar aquí. Estamos en medio de la nada—.
En ese momento Alexander desciende del vehículo abriendo la puerta del copiloto, le quita el cinturón de manera abrupta y posteriormente la arrastró fuera del coche.
—Esto te servirá de experiencia para que aprendas a no contradecirme— le dijo él a abandonándola a su suerte.
En medio de la carretera polvorienta, Emily se quedó desconsolada. Sus ojos miraban alrededor tratando de encontrar a alguien que pudiera ayudarla, pero lamentablemente, una abrumadora soledad la rodeaba. Mientras tanto, Alexander se alejaba a toda velocidad, sin siquiera detenerse a mirar atrás, aunque fuera por un momento. Su arrogancia y prepotencia era tal que no sentía ningún cargo de consciencia al haber abandonado en ese lugar desolado a su esposa, que por años había soportado toda clase de maltratos y humillaciones, pues en su matrimonio nunca existió amor, solo un contrato de conveniencia, ya que solo se trataba de una familia de abolengo que encajaba perfectamente con su imagen de hombre poderoso.
Emily comenzó a caminar sin rumbo fijo, ya que no sabía dónde se encontraba, se sentía perdida y con mucho miedo y estuvo a punto de desfallecer cuando de repente una luz de esperanza brotaba en su corazón al ver qué un automóvil se detenía.
—Señorita, ¿Se encuentra bien? ¿La puedo ayudar en algo?
Preguntó el extraño, que llegó como un ángel caído del cielo.
—Tuve un percance— Contesta ella con voz temblorosa.
Al escuchar la voz de la chica, le resultó sumamente familiar e inmediatamente abrió la puerta del vehículo y le pidió que subiera. Y cuál sería su sorpresa al encender la luz interior del coche, se trataba nada más y nada menos que de Emily Harper, su antiguo amor de universidad.
—Por dios, pero si eres Emily. El corazón de la joven dió un vuelvo al descubrir quién era aquel bondadoso joven que la había ayudado: era Fred Andrews, el hombre por el que suspiraba en la universidad.
Emily respira aliviada al darse cuenta de que era alguien que conocía y que, a la vez, le causaba una gran sorpresa.
—No puedo creerlo— exclamó —¿Fred? ¿Eres tú?—
—Sí, soy Fred. ¿Pero qué te pasó? ¿Cómo es posible que estés caminado en medio de la carretera sola? Es muy peligroso, te podría haber pasado algo.— Comentó Fred visiblemente preocupado.
—Por favor, Fred. Ahorita no quiero hablar de eso, estoy muy asustada. Llevo horas caminando sin saber a dónde, pensando una y mil cosas, con un miedo terrible—. Le dijo ella, al mismo tiempo que soltaba un llamado desgarrador.
—Ya no puedo más, Fred, te juro que ya no puedo más—. Emily lloraba desconsolada. Aún no podía asimilar que Alexander hubiese sido capaz de semejante barbaridad; abandonarla a su suerte en medio de la carretera era definitivamente un acto inhumano y cruel. Ya habían tenido altibajos en su matrimonio, pero nunca se imaginó que Alexander fuera capaz de hacer lo que hizo.
Fred la miraba con ternura y, a la vez, asombro. Nunca se imaginó volver a encontrarse con la chica que lo hizo sentir lo que era el amor, por primera vez en su vida.
—Tranquila, Emily, no sé qué habrá pasado, pero ya estás fuera de peligro. Conmigo estarás a salvo—. Decía él, tratando de consolar a la bella joven que parecía no encontrar alivio a su dolor.
Fred lo entendió y decidió esperar a que Emily se tranquilizara.
—Muchas gracias, Fred. No sé qué hubiera pasado si hubieses aparecido—. Dijo ella, visiblemente más tranquila.
—No tienes nada que agradecer, lo importante es que estés bien—. Dijo Fred.
—Mi esposo, Alexander… — Dijo Emily con voz entrecortada.
—Alexander me hizo esto, él me dejó en medio de la carretera.—
Fred empezó a sentir una furia que le recorría todo su cuerpo, no podía creer que ese hombre hubiese sido capaz de semejante barbaridad.
—¿Cómo es posible que tu esposo te haya hecho eso? Ese tipo es un patán y un imbécil—.
Dijo él, con visible rabia en sus ojos.
Emily, al verlo así, no pudo evitar sentirse incómoda. Era una expresión que jamás le había visto a Fred. Ella lo recordaba como un muchacho alegre, bondadoso y servicial.
Él siempre veía cómo ayudar a los demás, siempre se sintió en el papel de superhéroe, siempre estaba para darle la mano a quien lo necesitara, y al verlo así de molesto, no pudo evitar sentir miedo.
—¿Por qué lo hizo? Preguntó él, ya un poco más tranquilo.
—No lo sé, tal vez yo tuve la culpa— Contestó
Emily.
—No digas eso, claro que no. No hay justificación para un acto tan bajo como ese—.
—Es que yo, no lo sé, tal vez yo lo provoqué, solo le pedí que bajara la velocidad. Alexander es fanático de los autos deportivos y la velocidad. Yo me asusté demasiado, de hecho, fui yo quien quiso acompañarlo, y al asustarme, él se desesperó y no supo qué hacer—. Emily siempre trataba de justificar a Alexander. Él sabía cómo manipular y hacer sentir culpable de todo a Emily, siempre decía que ella era tan insignificante y poca cosa, y ella realmente llegó a creerlo.
—No tienes por qué justificar esos actos, Emily. Sea lo que sea que hayas dicho o hecho, no merecías que te tratara de esa manera tan cruel. ¿Qué le pasa a ese tipo? ¿Cómo se atreve a tratar así a una mujer como tú?— Expresó Fred.
—No sé qué pensar. Tal vez y si tiene razón y soy tan insignificante como él dice, si fuera como él quisiera, ese espíritu aventurero, pero en vez de eso, soy tan cobarde—.
Fred se quedó en shock al ver cómo Emily estaba destruida emocionalmente. Ella era una chica sonriente y alegre, segura de sí misma, con carácter fuerte y determinada en lo que quería. Es increíble cómo una mala pareja puede destruir la autoestima de una persona y hacerla pedazos internamente.
—Emily, escúchame muy bien. No importa lo que haya pasado, lo que esté sucediendo en tu matrimonio o los problemas que puedan tener, tú no mereces ese trato, eres una mujer increíble y valiosa. Por favor, créetelo. Si tu matrimonio no funciona, salte de él. No tienes que permanecer con alguien que te trata de esa manera, nadie merece ser tratado así—.
Exclamó Fred.
—Tengo miedo, Fred. Todo esto es tan abrumador para mí.
Gracias por estar aquí, no sé qué hubiera hecho si no me hubieras encontrado, apareciste como un ángel a rescatarme. Dijo Emily con lágrimas en los ojos.
Hacía mucho tiempo que alguien no le decía palabras alentadoras, ni alguien que siquiera le preguntara como estaba.
—No tienes nada que agradecer, Emily. Solo digo la verdad, desde que te conocí, supe que eras una extraordinaria mujer, con un gran corazón. —
Le decía él, al mismo tiempo que la tomaba de la mano.
—Ya estamos entrando a la ciudad ¿A dónde quieres que te lleve?
—Llévame a mi casa, por favor.
—¿Estás loca? Claro que no, no te voy a llevar con ese tipo después de lo que te hizo—
—Por favor, Fred. Mi lugar está al lado de mi esposo. Necesito arreglar las cosas con él—.
Fred no podía creer lo que le estaba pidiendo Emily; sin embargo, accedió a regañadientes.
Después de todo, era algo inevitable que volviera con su marido, pero esperaba que, al menos, asimilara lo que había pasado y hablarlo con más calma.