Helen, Jordan y Eric observaban a Alexander y notaron en su mirada una vulnerabilidad que jamás había mostrado, sin duda parecía una persona completamente diferente. Los tres sintieron un nudo en la garganta, ya que era una situación que no sabía cómo podrían manejar, ya que no querían abrumarlo o causarle algún contratiempo en su recuperación. Finalmente, Jordan rompió el silencio. —Hijo, estoy tan feliz que hayas despertado. No te imaginas cuánto hemos sufrido por lo que te pasó, pero gracias a Dios, te vas a recuperar poco a poco y nosotros estaremos a tu lado apoyándote—. Dijo Jordan con voz temblorosa, acercándose a la cama y tomando la mano de Alexander. —Hola... supongo que tú eres mi padre—. Dijo Alexander, intentando esbozar una sonrisa. —Lo siento, no puedo recordarlos, les

