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ENTRE LÍNEAS ERÓTICAS

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¿Alguna vez has imaginado, que tus fantasías más osadas podrían hacerse realidad? Bienvenido a esta intrigante colección de relatos e historias eróticas que te llevarán a explorar los límites de la pasión y la sensualidad. A través de estas páginas, te invitamos a aventurarte en un mundo donde las fantasías más secretas se convierten en experiencias inolvidables.

Cada relato es una puerta a un reino de deseos y placeres, un viaje sensorial que te permitirá escapar de la rutina y adentrarte en una dimensión de emociones intensas. Deja que las palabras te transporten a lugares donde las inhibiciones se desvanecen y las barreras se rompen.

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LA MUJER DE MI PADRE
¡Hola!, me llamo Azul, tengo veinte años, y quiero comentarles mi experiencia con Helena, la mujer de mi padre, verán, lamentablemente, mi madre murió hace dos años, ella y papá, llevaban separados cinco años, así que, cuando mi padre decidió, vivir con Helena, no me molesto, después de todo, él es un hombre libre. Como les decía, quiero que sepan mi experiencia estando con Helena bajo el mismo techo: fin de semana pasado tuve que mudarme con ellos, por unas reparaciones, que le estaban haciendo al lugar donde vivo, la verdad, no quería mudarme con ellos, pues pensé que la convivencia sería fatal, puesto que ella es una mujer de carácter fuerte, Helena se ha sabido ganar mi amistad y, creo que se está ganando algo más, verán, ayer papá tuvo que salir de la ciudad por cuestiones de viaje, por lo cual, ella y yo, nos quedamos solas, siendo sincera, en los días que he estado conviviendo con ella, no se han presentado inconvenientes, todo iba bien, o eso creía yo, y es que anoche algo cambio, siendo la hora de la cena, todo marchaba bien, ambas estábamos en silencio, pero media hora después, todo fue confuso, al terminar la cena, levante la mesa y me prepare para lavar los platos. Helena subió a su habitación, pero minutos después bajo, entro a la cocina, se acercó a mí, lentamente, y sentí como, fue acariciando mis senos, a tal punto que mis pezones, se pusieron erectos, yo no dije nada, porque extrañamente, sus toques no me molestaron, es más, me gustó tanto que sentí, como mi parte baja, se humedecía por la intensidad de los toques de Helena, quien luego de excitarme, se rio de mí, y salió de la cocina, dejándome confundida, de mi parte, yo termine de organizar la cocina, subí a mi habitación, y me acosté, pensando que todo había sido un malentendido, el cual se podría solucionar. A la maña siguiente, me levanté con la fuerte convicción de que hablaría con Helena, así que me duche, me vestí, luego fui hasta a su habitación, para buscarla, pero ella no estaba, por lo cual deduje que estaría en la cocina, así que me dirigía hacia ya, y en efecto ella estaba ahí, y cuando quise hablarle ella solo me dijo —Buen día, siéntate, espero te guste tu desayuno —me sonrió tan tranquila. Ella actuaba, como si nada hubiese pasado la noche anterior, no entendía, como podía estar tan tranquila, después de lo sucedido, pero bueno, no tuve más remedio que desayunar, al terminar el desayuno, nuevamente levante la mesa y me dispuse a lavar los platos, total esa era una de mis labores, y me dedique a cumplirla, todo iba hasta que, de un momento a otro, nuevamente Helena, estaba detrás de mí, pero no me quedé callada. —¿Qué necesitas? —le pregunté—. Vamos mujer, habla, ¿Qué haces aquí? —continúe insistiendo, pero no obtuve respuesta. »Ella alzó sus hombros, y sin más, volvió a meter, metió sus manos en mi blusa, y comenzó a jugar con mis pezones, los cuales pellizco, y halo, a su placer, debo decirlo, mi parte baja, volvió a experimentar aquella sensación de hormigueo, y empezaba a humedecerse con rapidez, creo que Helena se percató, de mi reacción, porque sin más, metió dos de sus dedos en mi v****a, la cual ya estaba muy caliente, —Esto… es… —dije, con on mi respiración entre cortada. Por la excitación del momento—. Te lo imploro, ¡deja de fastidiarme! —le supliqué. —¿Por qué parar?, tu cuerpo me dice que siga —respondió, pasando su lengua por mi cuello. Ella ignoró mi petición, y mientras que con una mano, estimulaba mis senos, con la otra, hacía maravillas en mi v****a, tales fueron los toques de Helena, que cuando menos lo esperé, moje toda mi ropa interior, debido al orgasmo, producido por aquellas sensaciones, después de aquello, Helena saco su mano, no me dijo nada y una vez más, se fue, por segunda vez, yo, había quedado confundida y con un ingrediente extra, pues mi cuerpo pedía más ganas de más. Después, de que ella me dejase así. Me tomé media hora para calmarme un poco, y asimilar, lo que había acabado de suceder, y cuando estuve más tranquila, decidí ir tras ella, yo merecía una explicación, no iba a permitir que ella me tomara como su juguete, entonces estando al frente de su habitación, respire hondo, y me arme de valor, pero al abrir la puerta, la vi en su habitación masturbándose, y pronunciando mi nombre, al ver tal situación, entre decidida. —¡¿Qué rayos haces?! —le grité. —Vamos, no te hagas la ingenua —se levantó y camino hacia mí—. ¿Quieres continuar? —me retó. —¡Estás loca! ¡Eres la mujer de mi padre! —la aparté de mí. —Sé muy bien lo que deseas. ¡No me engañas! —¡Estás muy equivocada! —levante mi mano, con la intención de abofetearla. »Sin embargo, mi esfuerzo fue en vano, pues no obtuve una respuesta por parte de ella, al contrario, de mí, ella fue tan astuta, que aprovechó mi descuido para empujarme, yo caí en su cama, sí, en esa cama, donde ella dormía con mi padre, al verme a su merced; abrió mis piernas, y lo primero que hizo, fue bajarme mi panty, luego de eso, Helena decidió pasar su lengua por mi clítoris, lo devoró de manera soberbia, tal el placer que estaba sintiendo, que con mis manos apretaba las sábanas, mi voz salía con toda potencia, y al rato, llego la gloria, fue tal la magnitud del orgasmo, que moje las sábanas, un poco a penada, trate de pedirle una disculpa a Helena por lo sucedido, pero al alzar mi mirada, solo vi reflejada en ella una gran sonrisa de satisfacción de mi madrastra, entonces ella me pedió, que volviera a su habitación en la noche, dude un poco, pero termine aceptando, la tarde estuvo tranquila, almorzamos, ninguna de las dos se buscó, pero al llegar la noche, todo cambio, deseosa de los besos y toques de mi madrastra, subí a la habitación de Helena, iba en busca de más, cuando entre a la habitación, Helena estaba totalmente desnuda, pero con algo especial, Helena, tenía en sus manos, un vibrador y lubricante, no entendía para qué los necesitaba, pero no demoraría en saberlo, apenada me vio, Helena me planto un gran beso y digo gran, porque en cuestiones de segundo hizo que me mojara, mientras Helena me besaba, sus manos me iban desvistiendo, al ver que mi cuerpo ya estaba desnudo, ella pasó de mi boca a mis senos, los cuales devoró de forma exquisita, para ese momento, mi humedad ya era notable, obviamente Helena se percató de ello, entonces, me soltó, me pidió que me colocará en cuatro en el borde de la cama, seguí sus indicaciones, estando mi trasero a su merced, Helena empezó a nalguearme, lo cual hizo que yo me excitara, tanto que yo misma, le pedí a Helena, que aumentara la intensidad de sus golpes, creo que mis nalgas quedaron rojas, y Helena satisfecha, lo sé porque me susurro al odio que lo mejor estaba por venir. Entonces Helena, con dos de sus dedos, estimulaba mi clítoris, mientras que su lengua se encargaba de mi ano: Helena quería enriquecerme de placer, y lo estaba haciendo, porque mi voz seguía saliendo. Ella siguió moviendo vibrador, yo estaba a punto de reventar, y es que, por un lado, estaba el vibrador en mi ano y, por otro lado, Helena jugaba con mi clítoris, mi cuerpo no resistió mucho, así que, cuando menos lo pensamos, las sábanas nuevamente habían quedado empapadas, por mis jugos. —Bien mi niña, esto ha sido todo, claro solo por hoy te dejaré descansar, mañana lo haremos de nuevo, creo que tú y yo, nos llevaremos mejor de ahora en adelante —Sí, de ahora en adelante, nos llevaremos mejor —afirme sonriendo. Salí satisfecha de su habitación, después de todo, ella sabe cómo consentirme.

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