Sentí unos suaves toques en la puerta, estaba recostada sobre la cama, descansando un poco, había pasado una semana desde que me dieron de alta, aún me daba pequeños dolores de cabeza, pero estaba muchísimo mejor, estaba tomando los medicamentos que me había recetado el doctor, y salía a caminar por las mañanas para mejorar la circulación, todo gracias a Alexander, él de verdad se había esmerado por mí salud. Hoy finalmente vendría el detective, por mi declaración, me sentía un poco más cuerda, lograba recordar todo con un poco más de claridad, y por motivos de salud no podría ir a las oficinas. —Adelante — Alexander entró a mi habitación. —El detective ya está en la sala, te espera. —En un momento voy — apretó sus labios y asintió, luego salió de la habitación. Era hora de declarar, e

