La reunión
Debajo de París una historia adversa estaba comenzando a tomar forma, debajo de París existía el "Culto de Herros", tenía sus años ya pero nunca el alcance que estaba teniendo actualmente; dicho culto era integrado por el mismo Antoine y Enrique, rey de Inglaterra además del rey de España. Los demás miembros eran mercaderes, poderosos caballeros y gente influyente en la política de estos tres países. El líder de este culto era alguien desconocido, le conocen solamente como la voz de ultratumba. Todos estaban unidos con un mismo objetivo: encontrar la piedra filosofal. El lugar era pobremente adornado, solo se le dió forma a la piedra para que hubiera espacio. La parte principal constaba de una gran roca circular que flotaba sobre el agua, en el centro de esta roca había un caldero gigante que estaba inactivo.
Todos los miembros se juntaron al rededor del gran caldero, allí Antoine pudo interceptar a Enrique para hablar con él— su majestad... la guerra marcha bien, ¿no es así? —Enrique asintió con una sonrisa— así es, va mejor de lo esperado, confío en que prontamente—este se acercó un poco más hacia Antoine para hablarle más secretamente— el imperio de Francia e Inglaterra se alzará por sobre todos los demás —Enrique se alejó un poco mientras mantenía una risa maquiavélica— ¿cómo van los avances con... eso?
Antoine se quedó en silencio durante unos segundos recordando todos las cosas importantes de el "proyecto R"— han habido avances lentos... los sujetos se pudieron reanimar pero mueren al cabo de dos o tres horas otros mueren a la luz del sol y los más extraños son aquellos que pueden recordar cosas, esos mueren mucho antes, a saber por qué. Un día creamos un grupo de ellos que fueron capaces de luchar contra mi grupo especial más fuerte y consiguieron matar a la mayoría. Sin duda, Enrique, nuestro ejército de reanimados nos hará más fuertes de lo que ya somos.
Ambos monarcas estrecharon sus manos a la par de que reían, dichas risas fueron apagadas inmediatamente pues el caldero se encendió súbitamente y sin previo aviso, un fuego de color verde iluminaba toda la sala y creaba un pesado ambiente nada más con su presencia.
— ¡¡AAGHHH!! —gritó la llama avivandose— la piedra... ¿¡dónde está la piedra!?
El santuario entero se remecio fuertemente provocando el miedo en los presentes. A pesar de la fuerza con la que se movió todo el sitio solo había caído una que otra roca pero lo demás estaba en su lugar.
— Busquen... la... piedra... —la voz se notaba débil, mantenía un esfuerzo enorme para mantener el habla.
— Tengo una teoría y esque esa piedra hay que crearla pero no sabemos cómo —habló con un poco de nerviosismo uno de los muchos mercaderes.
— Ah~ así que no sabes cómo... ¡encuentra la manera! —una última vez la llama se agigantó para después desaparecer creando una onda expansiva que en su paso dejó una especie de polvo que al entrar en contacto con los miembros los dejó en trance.
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Del otro lado, un rey derrotado, débil y frustrado estaba en su trono acompañado por un consejero.
— Seño el reino... la gente tiene hambre... piden comida... tenemos muchos enfermos, los médicos no quieren entrar por...
— ¿Por qué? —preguntaba débilmente el rey.
— Por miedo... a usted...
El rey se quedó en silencio durante un momento hasta que soltó una leve carcajada— Ja, miedo... qué bien. ¿Sabes qué más está mal...? mi salud, no hay gente dispuesta a sacrificarse... nadie con buena salud, claro... —echó un ojo rápido a su consejero notando que tiene una evidente mejor salud— aunque...
Sin previo aviso clavó sus pulgares en los ojos de su consejero aferrándose fuertemente a su cabeza para que no se escapara— dame... ¡dame tu vida! —apenas la sangre de su víctima entró en contacto sus dedos comenzó a extraer su vida. El cuerpo del consejero fue desapareciendo lentamente hasta quedar solamente la piel y los huesos, toda la vida y vitalidad que aquel joven tuviese fue absorbida por el rey, ahora aquel hombre era más fuerte, más joven y seguía con vida— Ah... se siente tan bien estar vivo, ¿que la gente necesita cosas? Hm, si... les daré la peor de las vidas, seguirán temblando ante mí, Argus, heraldo del poder —Se sentó en su trono mientras estallaba en júbilo, apoyó su rostro en su puño cerrado, luego se puso a pensar en el descubrimiento que algunos súbditos habían hecho, unos antiguos escritos que hablaban sobre una antigua batalla— La batalla de los dioses... leeré ese escrito una vez más, alguna pista habrá.
«Hace muchos los dioses se encontraban en el mundo, vivían los unos con los otros en una falsa armonía dictada por "el primigenio" Dios creador y dador, engendró un falso sentido de hermandad en sus ascendidos. Aquellos habían recibido las cualidades de esta deidad suprema dejando de lado a un ser que fue renegado de su posición. Herros, un ser creado artificialmente por la maldad que existía en el primigenio. Herros fue quitado de su rol de dios antes de que el primigenio falleciera, pues sabía el peligro que representaba. Con la esperanza de que desapareciera para siempre, Herros fue encerrado en un plano diferente al de todos los seres vivos, un plano en el que no había nada, solo él.
Herros nunca comprendió la razón de ello hasta mucho tiempo después, durante todo ese tiempo era testigo de una historia de la que no podía ser partícipe, todo su ser se llenó de rencor hacia todo lo que pudiese existir. Fue así que Herros se comenzó a alimentar del mal de mundo, a medida de que la gente crecía, más cosas malas hacían, esto llevaba a la intervención de los dioses lo que generó descontento en los humanos, los que en su atrevimiento hacia estos hicieron todo tipo de cosas con el fin de crearles descontento, cosa de la cual Herros también pudo alimentarse. Para entonces Herros ya había descubierto lo que era, lo que debía ser Comprendió que él era un ser maligno que debía acabar con la bondad del mundo, que solo serviría para llevar más caos.
Fu así que al tiempo de seguir alimentándose de todo ello pudo trascender al plano terrenal rompiendo la barrera que se había creado para contenerlo. La tierra fue inmediatamente un caos, nada más él la pisó todo se comenzó a pudrir, a corromper por su maldad. Esto activó la alarma en los dioses que no dudaron en salir del plano divino para ir al terrenal. Allí los quince dioses se vieron cara a cara con Herros quien les desafío y blasmefó abiertamente— ustedes me rechazaron... pudieron romper la barrera, pero no... me quisieron allí, encerrado, apartado... tss, tss, tss. Los errores se pagan caro, pues hoy los mataré a todos ustedes —Aquellos dioses con grandes poderes mágicos fueron los primeros en atacar pero todo fue inútil, Herros había heredado la capacidad anti-magia del primigenio, lo cual lo hacía invulnerable a esos ataques. Ante esa ventaja todos arremetieron cuerpo a cuerpo contra él pero también era inútil, Herros se había vuelto demasiado fuerte— ustedes cosecharon esto...
Fue una masacre, Herros despedazó a los dioses, los humilló y los asesinó. La tierra se llenó de sangre de los dioses, los humanos y todo ser vivo en la tierra se extinguieron de inmediato ante los colosales poderes que las deidades poseían. Deydrus, el dios de la guerra en un arrebato de locura pensó en suicidarse para asesinar a Herros. Era el último de los dioses en pie y ese ataque era todo lo que le quedaba. Deydrus, se lanzó hacia Herros para quedar abrazado a él, le presionó con fuerza y poco a poco su cuerpo se fue tornando en una bomba. Su sangre comenzó a hervir, desde fuera se podían ver qué las venas del dios se salían de su cuerpo y quedaban a la vista. Herros no pudo zafarse del agarre, había sido sometido con suma facilidad.
Una vez que la sangre hervida de Deydrus alcanzó su punto máximo creó una enorme explosión que lo asesinó a él y a Herros pero también explotó el mundo el mundo entero.
Este mundo, único como él solo, se dividió en cuatro por la explosión, cuatro mundos que después albergaron vida nuevamente»
— Esto parece escrito por alguien que estuvo ahí... —Argus entendió a la perfección lo que había leído, pero seguía sin encontrar la respuesta a su pregunta— en otra piedra se hablaba de que la sangre de los dioses era más difícil de comprender, no era como la nuestra... tch, lo dejaré para otro día. Tengo a esos estúpidos héroes buscando esa piedra desde hace un tiempo, en su carta decía que pronto me notificarían sobre sus avances... ah~ —Argus suspiró profundamente, el nerviosismo le carcomía cada vez que pensaba en que no podría encontrar la dichosa piedra filosofal, no podía fallarle a Herros después de todo.