Cuando Petra llega a la mansión, corre hasta su habitación para que nadie la vea y lo consigue. Cierra la puerta, apoya el cuerpo sobre esta completamente agitada porque subir escaleras corriendo nunca ha sido lo suyo y siente cómo todo en ella se va relajando poco a poco. Le pasa el seguro a la puerta porque muchas veces suele suceder que su gemela llega y entra a su habitación. Corre hasta el espejo que tiene en su cuarto y abre los ojos absolutamente frustrada porque la cámara del teléfono no le ha hecho justicia a lo que en realidad tiene en el cuello. —Al menos el desgraciado solo lo hizo por los costados… —dice con los dientes apretados—. Juro que voy a castrarte, Piero Castelli. Corre a su armario para buscar un atuendo que le pueda servir y así ocultar aquellas marcas. Sonríe al

