Tras la conversación con Petra, Cara prepara rápidamente las maletas mientras Pietro se encarga de pedir que arreglen el avión para más tarde. Aunque no termina de estar tranquilo por tener que irse y dejar a su pequeña, no tiene más opción, porque de todas maneras esas mujeres mandan más en su vida que él mismo. Cuando llega atardecer, de despiden de las gemelas y abandonan la casa. Sin embargo, al ver que Piero sigue ahí, Pietro solo decide jugarse la última carta, el auto se detiene y baja para caminar hasta pararse frente a la ventanilla de Piero quien se baja rápidamente para hablar con él. —Voy a regresarme a Roma por unos asuntos pendientes, más te vale que te comportes con mi hija y no la molestes. —Ya lo ha visto, señor, solo le envío los regalos y me quedo paciente aquí espera

