Despacio

727 Palabras
Duar tiene a Patricia pegada a la pared, no parece aterrada, más bien parece estar en shock asi que le pido a Duar que me deje salir. El sonido de los huesos recomponiéndose parece que es lo que más afecta a Patri. Cierra los ojos y se tapa los oídos cuando comienzo a transformarme. Ahora si parece aterrada. Totalmente transformado en humano me acerco y le doy unos pequeños golpes con el dedo para que sepa que ya pueda mirar. Patricia abre un ojo y me mira. Una vez que ha comprobado que todo ha pasado vuelve a su posición natural y se acerca a mí. - ¿Duele? – Mi corazón late sin control al escuchar sus palabras de preocupación. Estoy tan contento que ni me acuerdo que estoy denudo frente a ella, que acerca su mano y la pasa por mi brazo, como buscando alguna señal de daño. Creo que ella tampoco se ha percatado de mi desnudez, pues al bajar la mirada ha visto todo mi cuerpo y ha pegado un pequeño salto hacía atrás. Sonrojada trata de mirarme, pero no puede y aparta la vista. – No seas tímida, todo esto es tuyo. – Soy consciente de mi gran físico, mucho mejor que el de cualquier humano promedio y mejor que la mayoría de los lobos. – Por favor, no digas eso. – Patricia intenta alejarse, pero tiene una pared impidiéndolo. ¿Está siendo tímida? Al notar su cautiverio contra la pared trata de recomponer su compostura, pero sigue sin mirarme directamente. Creo que esto me está excitando mucho y no puedo evitar pegar mi cuerpo al suyo. - ¿Qué no puedo decir? – Le digo hablando a la altura de su cuello. – Solo digo la verdad. Esto es todo tuyo. – Me noto crecer cerca de su entrepierna y puedo oler que a ella le está gustando. Tomo sus muñecas por encima de su cabeza y paso mis labios por los suyos. – Y tú, eres solo mía. – Espera, espera. – Duar grita en mi cabeza. – Recuerda lo que dijo tu Beta. La marca en los humanos es muy dolorosa y solo es soportable en el primer encuentro. – Maldito lobo. Tiene razón, esto debe acaba aquí, justo cuando Patricia comenzaba a responder a mis besos. Suelto sus muñecas y en un rápido movimiento la subo hasta mi cintura. – Por hoy es suficiente princesa. – Patricia abre sus hermosos ojos interrogantes. Un breve enlace con la gente de servicio hace que un toque en la puerta me avise que mi ropa está lista. – Vamos a ir despacio, no te voy a asustar más de lo necesario. – Miento, cual bellaco, mientras la dejo sentada en el sillón y voy a la puerta a por mi ropa. – ¿He hecho algo malo? – Escucho su tono de voz, casi como una súplica, mientras termino de abrochar mis pantalones. -No, por la diosa todopoderosa. – Termino y me siento a su lado. Paso mi mano por su mejilla y miro sus ojos húmedos. Se que no debo decir que no llore, porque eso hará que la fuente comience a manar así que ajusto mi mano a su mejilla y la atraído hacía mí. – Solo quiero que no te sientas presionada y que estes cómoda haciendo todo lo que tengamos que hacer juntos. – Vuelvo a besar su boca y parece que hemos vuelto al principio. Paso mis labios y mi lengua por sus labios y cuando, por fin, baja su guardia profundizo el beso y paso mi brazo por su espalda. Unos golpes en la puerta hacen que Patricia se aparte rápidamente de mí. - ¿Quién es? -Grito furioso. Patricia me mira con ojos como platos. – Voy a matar al que sea por interrumpir. – Ella ríe al creer que es una broma, pero yo lo digo totalmente en serio. Ella se levanta y abre la puerta mientras dejo caer hacia atrás mi cabeza sobre el respaldo del sofá. – Jefe hay problemas en la frontera norte. – Me levanto y beso la cabeza de Patricia al salir, camino de la frontera norte. – Si se hace tarde, no esperes despierta. Y cena bien. – Digo, mientras dejo a mi compañera en esa sala donde por primera vez hemos sido una pareja de verdad.
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