Las cosas están yendo de mal en peor así que es mejor que hable con Patricia y la prepare para lo peor. Cuando vuelvo a la casa comunal veo que la tienen sentada en la cocina, con un montón de cuadernos de banquete pasado. Han llevado mis ordenes hasta las últimas consecuencias y siento la necesidad de sonreír. Cuando entro a la cocina todo el mundo me mira asombrado.
– Señor, ¿se encuentra bien? – Mandy me pregunta y Patricia se voltea a mirarme. Parece que sus labios se elevan un poco y su incipiente sonrisa hace que me sienta bien.
– Si, Mandy, estoy perfectamente. ¿Por qué? Por favor, lleva algún aperitivo a la sala de la tele, tengo que hablar con Patricia. – La vieja nana asiente y el resto sigue mirándome mientras Patricia baja de la banqueta y se acerca a mí.
– Señor, creo que es la primera vez que le ven sonreír. – Ni me había dado cuenta, así que dejo de hacerlo y vuelvo a mi semblante de siempre. Patricia se aleja un poco para pasar a mi lado.
– Que lo traigan rápido Mandy- Le doy una orden por el lazo mentar y ella asiente, sin dejar su eterna sonrisa.
Patricia parece saber donde está la sala de la tele y la sigo. Parece que está mejor. El cabello le ha crecido un poco y viste mucho más casual que cuando la conocí.
– ¿Te sientes bien viviendo aquí? – Ella no dice nada, pero está claro que no quiere responder. – Patri, ¿entiendes por que no te permito salir?
– Creo. – Se pasa un mechón de pelo tras su oreja y me parece adorable. – Creo que sois una especie de sociedad secreta, o una secta, y nadie puede saber que estoy aquí. ¿Es eso? - ¿Sociedad secreta? Aún no ha entendido. Trato de ordenar mis ideas y creo que es algo difícil para un humano entender que somos. Una chica de servicio entra y deja la bandeja. Noto una fría mirada hacía Patri, pero la ordeno salir rápidamente. Busco un libro de cuentos y se lo doy a Patricia.
- ¿Qué es esto? ¿Quieres que te lea? – Ella mira el libro.
- ¿Lo conoces?
– Si, claro, es caperucita roja. – Tomo otro libro y lo dejo en su regazo.
- ¿Y este? – La Bella y la Bestia está en un lugar un poco más alto.
– Si, me gustó mucho la versión de Disney.
– ¿Y si te dijera que eres como Bella?
– Es solo un cuento de hadas. – Me giro, dejando a Duar actuar un poco sobre mi cuerpo. Patricia se asusta un poco y paro. - ¿Qué ha sido eso?
- ¿Quieres averiguarlo? – Ella niega con la cabeza, pero sus ojos están abiertos como platos. – No somos una sociedad secreta. Esta es mi manda de hombres lobos. Soy un Alfa. Y creemos en la Diosa Luna. Ella nos otorga nuestras parejas y tú eres la mía. – Parece hacerle gracia y casi ríe, pero de repente Duar, impaciente ante la incredulidad de nuestra pareja trata de volver a salir. Patricia esta vez se asusta bastante y sube al respaldo del sofá. Hay que reconocer que Duar se está portando muy bien y que ha aceptado de forma natural que nuestra compañera sea humana y no tenga un lobo con el que correr y aparearse así que la actitud de Patricia le hace desesperar. – Calma. – Trato de acercarme para abrazarla, pero la hago caer por detrás del sofá. Corro alrededor para ayudar, pero parece que no ha sido grave. Ella está riendo, tumbada en el suelo. – En serio, si de verdad estas tratando de decir que eres un lobo, haz que lo vea ahora mismo. – Esta mujer siempre me asombra y Duar, alegre, toma el control.