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30 días con mi vecino GRINCH

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los opuestos se atraen
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Descripción

" Cortó la electricidad para evitar su molesta música navideña".

Kiliam Colton debido a un suceso del pasado se ha vuelto amargado odiando la navidad como nadie.

Carlota Muller una bailarina de ballet su mayor sueño es bailar el clásico baile de navidad "El cascanueces".

Sin saberlo un día se reencuentran por casualidad, el se encuentra con la hermosa chica que lo deja sin aliento y ella se entera que es su odioso vecino, ese que siempre la molesta en navidad.

Entre bromas, molestias surge un apoyo mutuo, un romance que traspasará las barreras impuesta por el vecino grinch

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BROMA
Kiliam Colton Abro los ojos de golpee, tapo la cara al recordar la fecha. Ha llegado la estúpida navidad, la fecha que menos soporto en el año. La multitud, los regalos, las visitas necias que nunca se quieren ir. Esos abrazos innecesarios, esos que nunca das durante el año, pero que en navidad son obligatorios. Es una época que huyo con todas mis fuerzas. Semanas antes de iniciar las fechas de sembrinas, me refugio en mi cómoda y silenciosa cabaña, evitando a todo el mundo, convirtiéndome en un completo ermitaño. Aprovecho un poco más del silencio acostado en la cama, pero toda la paz se corta al escuchar esa molestosa música navideña. Siento como se revuelve el estómago con solo escuchar Noche de paz, noche de amor Todo duerme alrededor Entre los astros que esparcen su luz Bella, anunciando al niño Jesús Brilla la estrella de paz Brilla la estrella de amor... Mi insoportable vecina, desde que inicia la temporada coloca esa música a todo volumen. Y eso que mi cabaña no esta tan cerca de otras y, aun así, logro escucharla. ¡DIOS MIO QUE TORTURA! Cabe destacar que es super fanática de la navidad, no es solo la música, son las luces, los adornes, el muñeco de nieve que coloca en el techo. En todos lados se respira el espíritu navideño, menos en mi casa. No tengo ningún adorno, me parece un gasto innecesario para una celebración que solo dura 1 mes, sin mencionar que todos esos arreglos acumulan polvo y suciedad. Es completamente molesto. Mi teléfono suena en algún lugar olvidado de la habitación, lo cual, me hace fruncir el ceño. Se supone que anoche lo apague para evitar que me molestaran durante todo el mes. Vuelve a sonar sacándome de mi comodidad. Apenas atiendo se escucha una voz agitada. — Kiliam, debes venir a surgido un gran problema. Necesito de tu ayuda.- aprieto el puente de mi nariz. — No sé cómo lo harás Kiliam, pero tienes que asistir. El jefe ha citado una junta para dentro de 2 horas y es obligatorio que todos asistamos. Así que, trae ese trasero amargado a la empresa.- gruño de simple molestia. — Maldita sea, como osa a interrumpir mi tan apreciada paz. Refunfuñando camino hacia el armario, tomando la primera ropa que consiga. No estoy de humor para simular que me tome mi tiempo para vestir bien, da lo mismo. Solo era entrar, escuchar y salir sin ser visto. Era un gran plan. Apresuro mis pasos al auto estacionado fuera, un pequeño ruido atrae mi atención momentáneamente. No muy lejos se encuentra una mujer con dos niños jugando con la nieve, sus risas son atrayentes se puede sentir lo feliz que se encuentran. Algo que, no podría describir pesa en el pecho, pero recuerdo mi pasado, y desecho todo atisbo de sentimientos. Subo al auto, encendiéndolo sin contratiempo, cuando estoy por cruzar, alguien se atraviesa obligando que freno de golpe. Bajo apresurado revisando que, no haya ocurrido una catástrofe, estoy por hablar, pero... — ¿Acaso no ves por donde conduces?, Hay niños por aquí.- frunzo el ceño con evidente molestia. — ¿Disculpa? fuiste tú, quien se atravesó sin mirar a los lados, pude haberte atropellado.- coloca sus manos en su cintura con evidente molestia. — Pues no iba a dejar que aplastaras, mis luces de navidad. Eso si sería una catástrofe.- cuento hasta diez para no perder el control. No doy tiempo a que continue con sus absurdos argumento. Al llegar a la empresa, veo como todos apresuran sus pasos al ir hacia el lugar donde será la dichosa junta. Solo espero que, no lleve mucho tiempo, no quiero socializar con mis demás compañeros, ya hago mucho con venir a este lugar infectado de adornos navideños. Sentado en la última fila, cerca de la puerta me encuentro viendo como entran las pocas personas que aún quedan por ocupar asiento. Unos pequeños murmullos se escuchan por el lugar, yo solo me concentro en mi teléfono, suplicando que pase el tiempo rápido. A los pocos segundos entra mi jefe, un hombre alto de hombres anchos, porte elegante y cara de que " todo lo sabe". Comienza dando su charla motivacional, felicitando a todos los departamentos por su evolución ese año deseando que el siguiente año sea mejor ganancias. Estas reuniones siempre me han parecido de lo más aburrido, por eso evito de frecuentarlas, pero este año no pude salvarme. — Todos se preguntarán, ¿Porque los he convocado de manera tan apresurada? Es simple, este año he decido luego de meditarlo con la junta directiva, vender mi empresa. Con este cambio de dueño, vendrá otros grandes cambios. — He estado estudiando a cada uno de ustedes. Estuve bien como eran en su campo labora, puedo decir que todos son excelentes, pero hay ciertas áreas que necesitan mejorar. Son muy pocos aquellos empleados que no les gusta ayudar a sus compañeros y esas personas son las que están afectando el rendimiento de cada departamento. Sus habilidades no son cuestionada, son sus escases para socializar las que pone en tela de juicio su capacidad para ayudar. Es por ello que, he decidido como mi última orden como jefe, es despedir a estas personas. - levanta la mano hacia su secretaria. Murmullos no se hacen esperar. — Mi secretaria les hará llegar su fidecomiso y su carta de excelencia laboral. Una angustia me embarga, porque sus palabras me caen de forma directa. Todos aquí saben que yo soy el más difícil de tratar, el que nunca comparte en almuerzos, el que prefiere comer solo, el que nunca sale de fiesta, el que prefiere encerrarse en su oficina antes que socializar. Veo venir hasta mi asiento a la mano derecha del dueño, con una sonrisa apenas disimulada coloca un cheque y otro papel en mis manos. — Lo siento.- es todo lo que dice antes de marcharse, dejándome sumergido en una confusión Cuanto más lo pienso, más me enojo. Pero da igual, de todas formas, pensaba renunciar, solo me aligero la acción. Al rededor noto como algunos vecinos han comenzado a adornas sus casas, nada extravagantes se podría decir que algo modesto. Justo al cruzar la esquina, una luz impacto en todo el rostro dejándome momentáneamente cegado. — Diablos, ¿Quién ha puesto estas luces tan fuertes?.- La respuesta llega rápido, es la misma mujer de esta mañana la que casi atropello, mi vecina, la que ama la navidad. Niego irritado, solo espero no volver a escuchar sus estúpidas canciones, necesito un poco de paz. Estaciono, tomo el cheque soltando un suspiro. A paso lentos entro a mi cabaña dando una respiración profunda. — Paz, deliciosa y dichosa paz. De espalda a la puerta dejo que, el agua relaje mis músculos tensos, me debato en todo lo ocurrido hoy en la mañana, aunque diga que tenía pensado renunciar no quería que fuese de esta manera, ser despedido por algo tan simple, no es algo por lo cual deseaba ser recordado. Me refugio en la cama cerrando los ojos, permitiendo que el sueño me invada. Cuando creo que poder dormir, una luz ilumina toda mi habitación provocando que el sueño huya — Pero que...- intento ver por la ventana, casi me quedo ciego por tan fuerte luz. Entrecierro los ojos, Esa loca de la navidad, daña mi paz, iré hablar con ella. Salgo de la cama con mi pijama, tomo un abrigo y me apresuro a ir hasta esa vecina. No quiero discutir, solo quiero hacerle saber cuánto me molesta todas sus luces navideñas. Estoy a punto de llegar a su casa, cuando unas voces atraen mi atención. Veo a esa vecina salir con otras dos, y algo en su conversación me hace sentir un completo estúpido. — No crees que, te has pasado un poco con las luces. Impactan directamente en la casa de tu gruñón vecino.- ellas se ríen. — Era justo lo que quería, esta mañana casi arruina mi navidad, así que yo arruinare la suya.- vuelven a reír. — Es un completo grinch, todos han dicho que odia la navidad.- se marchan dejándome con mal sabor de boca. — Así que, lo hiciste a propósito, ¿Quieres jugar? juguemos entonces.- una sonrisa malvada se forma en el rostro. Muajaja soy un chico muy malvado. Me asome para ver si se han ido, y si, lo hicieron. Con cuidado subo hacia el techo de su casa, voy quitando cada una de las luces, y arrojándolas a la nieva, y así hago con las demás, cuando creo que he tenido suficiente me bajo recojo todo el desastre y voy camino a mi casa, dejo las luces y vuelvo a ir. Como un bono extra, abro la caja en donde están todos los interruptores que proporcionan electricidad a su casa, los bajo uno por uno dejando en una completa oscuridad todo. — Cuando vayas a encender la luz, te encontraras con una sorpresa muy navideña. Ahora si puedes llamarle " el GRINCH"

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