capítulo 1
-¿Eso es todo?-
Yancy suspiró mientras retiraba su proyecto de la mesa de su jefe y asentía con cuidado, el hombre tenía una estricta política sobre que sus empleados comían gracias a él, por lo que mirarlo a los ojos era una gran falta de respeto, también eran conocidas las preferencias sexuales de algunos empleados, entre ellos Yancy, y decía que si lo mirábamos mucho nos enamoraríanos de él.
No en esta vida.
- Tengo tanta suerte de que hayan reconocido mi árduo trabajo en esta oficina de mierda y me manden a la costa... Estoy seguro de que mi reemplazo no os tratará tan bien como yo, por lo que me han dicho es más joven, un tiburón de Wall Street que ha comprado el 55% de las acciones de la empresa. - Miraba el portapapeles como si fuera un tiburón listo para morderle en cualquier momento, a pesar de que sólo era un proyecto de financiación para el año que viene. - Le haré saber que eres un buen secretario pero demasiado mojigato, si hubieras abierto esas bonitas piernas para mí, hubieras obtenido mejores referencias, pero no eres ambicioso y tienes un gusto pésimo en hombres. -
"Gracias a Dios mi gusto por los hombres no ha caido tan bajo para fijarme en tí..."
Hizo una reverencia (porque el hombre necesitaba recordarles diariamente que estában por debajo de él) y salió de allí tan rápido como pudieron sus piernas, mañana ya se encargaría de su nuevo jefe, pero en ese momento tan solo queria un latte de caramelo y un baño. Se sentía asqueado cada vez que su jefe intentaba meterIe mano en el trabajo.
Estaba tan nervioso cuando llegó a su cafetería favorita que no vio al hombre que salía a la vez que él, sujetó su café justo a tiempo para que no manchara la camisa del chico delante suya y se atrevió a mirarlo. Una muy mala idea porque su polla dio un salto en sus pantalones al ver al sexy hombre.
- P-perdón... No le he visto. Por favor, permitame hacerme cargo de los gastos de lavandería por usted, realmente estoy muy apenado. No estaba prestando atención.- se disculpó con rápidez ante aquel extraño que tenía un aspecto de hombre de negocios importante, si la ropa cara pudiera hablar.
- Descuida, está bien, ha sido culpa mía. Estaba revisando una dirección en mi teléfono y no he comprobado que entraba alguien. Disculpa... ¿El diseño de tu traje es de Airbonds S.A.? Necesito llegar allí a las 11 y estoy un poco perdido. ¿Te importaría mostrarme el camino?.- la voz de barítono del hombre le hizo cosquillear hasta lugares que nunca admitiría.
El hombre era extremadamente educado para parecer tan joven y, después de haber trabajado tantos meses con el tirano de su jefe era agradable un poco de educación. Le acompañó hasta que llegaron a la oficina y se excusó para poder irse a la suya personal y rezar a todos los dioses que conocía por poder irse a su casa, ya que su turno había terminado hacía una hora , y aguantar a su jefe de gratis no estaba en sus planes del día. Observó como éste le dirigió una mirada lasciva que le hizo desear con urgencia esa ducha y una esponja antiporos para rascar de él todas las intenciones lascivas que había mandado su jefe con esa mirada.
Lo que no esperó fue la mirada tan natural de odio que le mandó su nuevo jefe al que pronto ya no lo sería, y le sorprendió que le hiciera sentir protegido, como si le estuviera defendiendo de un depredador con una facilidad natural, cómo si hubiera nacido para ser el caballero de blanca armadura con el que Yancy soñaba todas las noches.
"Olvídalo Yancy. Guárdate los sueños húmedos para ésta noche y espabila antes de que te despidan."
Esa ducha con sus posteriores palomitas y Netflix ya eran una necesidad muy arraigada, necesitaba salir de allí antes de contemplar la pelea a muerte que se estaba llevando a cabo por un trozo de carne, más concretamente, su carne. Realmente, eso no era algo que pasara con frecuencia, desde que su anterior novio lo abandonó y tuvo que renunciar a su anterior puesto como asistente ejecutivo para su cuñado, hacía ya cuatro años, su vida s****l había desaparecido junto con su prometedora carrera en Wall Street.
¿Y la vida, de forma mágica, le pone un semental de 1,80 en su camino, que parecia genuinamente interesado en él?
Podía ser ingenuo, pero no gilipollas. Y eso, desde luego, no se lo iba a creer, seguro que era la vida poniéndole de nuevo bocados en los labios que no tenía permitido masticar.
Se subió a su Nissan Micra de 2005, y salió de allí tan rápido cómo le permitieron las leyes de tráfico, estaba deseando ese baño caliente. La idea de que su nuevo jefe lo había visto cómo una apuesta de un trozo de carne hizo que la repulsión le obligara a rascarse los brazos, inconscientemente, y se saltara un mínimo de cinco leyes de tráfico para volver a su casa.
No vivía en ningún sitio lujoso pero le encantaba su loft en las afueras, lo suficientemente cerca del trabajo cómo para no tener que madrugar de forma infrahumana, pero lo suficientemente lejos cómo para evitar encontrar a su jefe si salía. Suponía que mañana sería su primer día cómo asistente de su nuevo jefe, tan sólo pedía que no le exigiera entrar en su cama cómo garantía para conservar su trabajo.
Subió las escaleras hasta el tercer piso y entró a su casa tirándolo todo al sofá y yendo directo a la ducha, se froto cómo si deseara arrancarse la piel y ponerse una nueva, se había comprado una esponja áspera para esas ocasiones, le gustaba imaginarse que se arrancaba la piel y podía ponerse una nueva capa que aún no había sido violada por la asquerosa mirada de su jefe. En cambio, esta vez acabó bajando la mano a su polla cuando la imagen de su nuevo jefe llenó su cabeza.
- Joder... Es tan distinto.- susurró contra la baldosa de la ducha. - Me siento un acosador...-
El pensamiento de que estaba acosando sexualmente a su nuevo jefe al involucrarlo en sus fantasías húmedas, le recordó a su anterior jefe y se sintió horrible por ello, además de matar su erección,y terminó de lavarse decidiendo que su pijama de seda falsa haría la función de novio arropador por esa noche y colocó un bol de palomitas en el microondas antes de sacar el sirope de caramelo de la nevera y dejarlo en la mesa. Consideró durante unos segundos si Netflix era una apuesta segura para esa noche ó debería volver a sus sesiones de peliculas románticas de su colección de DVD.
Al final, "Pretty Woman" fue una elección de último minuto pero firme y se tumbó en el sofá con cansancio.
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No empezaba bien en su nuevo trabajo.
¿Porqué le molestaba tanto que el idiota que iban a relegar mirase a su asistente con esa mirada lasciva?
Ya sabía la respuesta. Aunque prefería atribuirlo a la falta de sexo constante en su vida desde que se divorció de su ex esposa,y su aparente nueva repulsión s****l hacia las mujeres, a pesar de considerarse bisexual prácticamente toda su vida, tenía una especie de predisposición a las mujeres a la hora de buscar una relación estable.
Pero no con éste hombre. Se quedó investigando toda la información personal que pudo reunir en los archivos de empresa sobre él y encontró cosas interesantes:
Se llamaba Yancy, tenía 28 años, vivía en un modesto apartamento tipo loft y conducía un coche oxidado de 2005. ¿Porqué conducía un coche de 18 años alguien que trabajaba en una lucrativa empresa como asistente del Director Ejecutivo?
En su estupefacción casi se salta por alto los actuales datos legales. Al leer otro nombre en el informe dio por hecho que sería algún hermano, pero la fecha de una alta de divorcio y el despido de su última empresa coincidían en el mismo mes pero con algunas semanas de diferencia, una gran y lucrativa empresa de Brokers en Wall Street. De hecho, era una de las empresas más famosas y exitosas, pero al tratar de acceder al informe del chico en dicha empresa, estaba blindado.
¿Porqué blindarian el informe de un asistente ejecutivo?
Iba a necesitar llamar a su abogado para que averiguara qué estaba pasando, sin embargo, bloqueó el móvil y se dirigió a su nueva oficina, su corazón dio un vuelco al ver al chico sentado en su escritorio, la oficina del asistente era la única que conectaba con una puerta corredera trasparente con su despacho, ellos podían verse y comunicarse entre sí, pero el resto de personal no los podía ver a través de las puertas caoba.
Le gustaba esa privacidad que obtenía con el hombre, esa forma tan fácil para poder mirarle sin ser atrapado era fascinante, y le hacian preguntarse qué tan lejos quería llevar aquello, aunque no fuera un hombre estable le cosquilleaban las manos por tocarle de una forma no s****l y un sudor frío se instalaba en su espalda cuando pensaba en dejarle marchar. Ni siquiera había pasado una noche con él y ya sabia que lo quería a su lado.
- Yancy... Necesito los informes de los inversores para la reunión de la tarde. ¿Crees que puedes imprimirlos en el fax específico de la empresa? Aquí hay demasiada información que no conozco, voy a necesitarte cerca para que me ayudes.- No era su intención retener al chico en su oficina pero quería pasar tiempo con él, y necesitaba de verdad esos informes si quería comenzar a salvar una oficina que habia sido llevada a la ruina por una gestión desleal.
- La vibora de mi jefe la ha jodido con más gente ¿eh?- su voz tenía un matiz de humor que no conocía hasta ahora y su sonrisa de lado era sexy cómo el infierno. - Disculpa mis modales... ¿Está bien si las mando por el correo interno?-
- No te disculpes por el comentario, si leyeras los documentos que me han pasado de él, te alegrarías de que se lo llevaran.- su ceño se hundió al darse cuenta de un pequeño detalle.- Ya que nombramos dichos documentos... ¿Puedo hacerte una pregunta bastante personal que no estás obligado a responder si no quieres? Tu respuesta no influirá en mi comportamiento como jefe ni en tu trabajo ¿de acuerdo? Sólo quiero comprobar unos datos... -
La mirada de Yancy se volvió desconfiada y pudo notar cómo su comportamiento puso un muro entre ellos. Se perdió en sus ojos durante un momento, observando esos profundos pozos esmeralda que parecían brillar con tanta ilusión que su corazón se partió en mil pedazos al pensar que hubiera tenido que ceder ante su jefe para conservar un trabajo. Parecía un ángel tan puro que en ocasiones quería creer que lo que ponía en esos informes fuera falso.
No dudaba de que ya había experimentado relaciones sexuales, si había estado casado y teniendo 28 años, era algo demasiado probable, pero la información confidencial demostraba que su exmarido había sido un abusivo controlador, y esperaba que no siguiera en contacto con él, en el historial no nombraba registro de hijos ni adopciones, por lo que no había ningún motivo para que siguiera en contacto con él, por lo que dudaba mucho que lo tuviera fácil.
- ¿Qué pasó en Wall Street?- Al salir de su boca supo que había cometido un error al preguntar aquello pero tenia tantas ganas de saber que su boca lo había traicionado. - Lo siento, no me hagas caso, no tienes obligación de contestar, cómo he dicho. De verdad que necesito enviar esos malditos archivos. ¿Me pides comida china? Pide tu parte si quieres, yo invito, por las molestias.-
Notó cómo lo miraba con esos ojos brillantes y supo que la había jodido a lo grande. Su maldita boca había terminado el trabajo que su cerebro llevaba haciendo desde que lo conoció, y eso le había costado sus intentos de conquista. Con desolación, comprobó cómo el chico sonreía cortésmente y se dirigía a la puerta de la oficina que daba a la salida, pensando que había decidido marcharse, y no lo culpaba, pero después de un rato la cerró y llevó con él una silla más cómoda.
Su corazón se aceleró al darse cuenta de que se iba a quedar con él, y una parte muy escondida en su mente le hizo preguntarse qué se sentiría al tener todos los días una escena tan doméstica, cada día con aquel chico tan misterioso, con aquel que le despertaba algo que nadie más le había hecho sentir. Tenía una oportunidad, porque Yancy estaba interesado en él, aquello era obvio, y pensaba aprovechar cada oportunidad que le dieran.
- Wall Street... Fue el inicio de que mi vida se fuera a la mierda... Gracias al idiota de mi ex...- Suspiró mientras se acomodaba en la silla.- Trabajaba en una exitosa empresa de Brokers la cual dirigía Fran¢ois D' Alverc, al que ahora llamo "ex-cuñado"... Haciendo muy breve la história... Mi ex-prometido, Jacques D'Alverc, dirigía el área comercial y la morosidad... Era un auténtico tiburón en los negocios pero también en su cama... Dónde más tarde me enteré que no sólo dormía yo. De modo que... Aunque era muy bueno en mi trabajo, acabé en la calle cuando Jacques decidió que el nuevo asistente de su hermano follaba mejor que yo y era más bonito para presentar en público. Como nuestro apartamento estaba a nombre de los dos, me transfirió mi parte y, muy educadamente, me pidió que me marchara. Acabé vendiendo mi coche para pagar el lugar dónde vivo ahora. -
Se levantó para atender al timbre, imaginaba que era el repartidor de comida, y salí corriendo detrás de él cuando vi su intención de pagar por la comida, pagué al hombre antes de cerrar la puerta y alzarle una ceja.
- Dije que yo invitaba.- sonreí para que no se sintiera intimidado, y le señalé la mesa para que se sentara. Me había dado cuenta de que me había contado la versión abreviada y que había mucho más tras esa máscara de hielo que se colocaba cada dia, había leido que su exjefe era un depredador s****l y le daba miedo preguntar con qué clase de amenazas había tratado de meterlo en su cama.
Aquel pensamiento me hizo darme cuenta de que Yancy tenía muchas posibilidades de convertirse en un amor platónico debido a su muy posible desprecio a los hombres, lo más probable es que ni siquiera me de la hora del día, pero valía la pena intentarlo mientras no terminara odiándome. Tal vez había decidido intentarlo con alguna mujer o con otro hombre, sin embargo, ese simple pensamiento me quemó las entrañas.
¿Porqué?
- ¿Necesitas terminar de pagar algo? Ciertamente, ni siquiera había oido hablar de esa empresa hasta que vi tu expediente... Eres el empleado más antiguo en estos momentos, lo cual es muy extraño porque sólo llevas aquí dos años. Hay algo que no me cuadra de la gestión de la empresa.- me froté los ojos, exhasperado, tratando de mantener mi cabeza en orden después de un primer día de caos.
Yancy observó su reloj de muñeca y suspiró con cansancio, algo que hacía demasiado a menudo para mi gusto, antes de negar con la cabeza y dejar salir sus sospechas de que su ex jefe era corrupto de alguna forma y, aunque esa idea ya se me había ocurrido, al escucharla desarrollada tomó sentido de otra forma diferente. Igual que supo que, anteriormente, el puesto de Yancy había sido ocupado por un chico bastante más joven y sin experiencia, me hizo pensar que ese idiota tan sólo contrataba caras bonitas que convertir en amantes potenciales bajo la coacción de la pérdida del trabajo.
Y, claramente, entendí porqué contrató a Yancy sin ninguna experiencia previa, el hombre quitaba el aliento.
- Deberíamos volver a nuestras casas. Creo que por hoy, hemos tenido suficiente.- su voz era un claro indicio de molestia que esperaba no haber colocado yo.- Puesto que ahora soy su asistente personal... ¿Debería estar informado de qué tener preparado a primera hora cuando usted llegue? ¿Alguna manía en el café o algo asi?-
Claramente no, aunque no me oponía a un beso de buenos días, obviamente no iba a ser un comentario afortunado, de modo que le reste importancia.
- No... Café con crema, normal.... Y creo que mi única manía es mi odio irracional a los vasos de papel para el café, suelo usar mi taza.- realmente era un hombre bastante sencillo y tal vez aquello era lo que me había costado el matrimonio pero no podía decirlo seguro, su exmujer era una perra condiciosa e interesada.
Tal vez había tardado demasiado en darse cuenta de ello pero en su defensa debía añadir, que él estaba demasiado enamorado como para escuchar las advertencias de sus amigos que, claramente, habían visto a través de la actuación de su exmujer mejor que él. Tal vez debería quedar a cenar con ellos y explicarles su poco razonamiento hacia Yancy, probablemente alguno tenga algún consejo que podría perseguir.
Como conseguirse algún amante de una noche y dejar de soñar despierto.
Tan perdido en sus pensamientos como estaba, no se dio cuenta de que unas llaves se agitaban delante suya y Yancy tenía una expresión divertida. Vale, había estado divagando otra vez. Pero era un hombre atractivo, sexualmente muy activo (o lo era antes de mi divorcio) y no estaba ciego, de modo que ya me daba cuenta de que trabajar con éste hombre iba a ser todo un desafío para mi libido.
El teléfono de mi oficina comenzó a sonar y me adelanté a cogerlo puesto que aún no había salido de ella, una voz profunda y grave me preguntó si ya había firmado los documentos de traspaso empresarial que seguían encima de mi escritorio catalogados por mí como "informes de dudosa procedencia pero que tampoco quiero saber como han llegado hasta aquí", me negué a contestar y colgué mientras levantaba la cabeza al notar la intensa mirada de Yancy.
No estoy seguro de qué fue lo que me hizo hablar pero algo me decía que, a pesar de su enigmático envoltorio y su blindada vida personal, podía confiar en él. No estaba seguro, pero creo que en ese momento pude captar la preocupación en su rostro y me descubría mi mismo deseando ser el único con el derecho a ver esa expresión, quería que Yancy se preocupara por mí.
Mierda, nunca había entendido el concepto de "amor a primera vista" hasta ese momento. Ese fue el momento exacto en el que supe que me había enamorado de Yancy.
- Creo... Creo que acabo de ser amenazado.-