--Armando-- Maldita sea, esta mujer sabe perfectamente por que la llamé, tiene la misma adicción qué yo, no me arrepiento de haberla escogido para aliviar mi necesidad, es la secretaria perfecta, no tengo ninguna queja con su trabajo, al contrario, maneja su puesto a la perfección, confío plenamente en lo que hace, además, siempre está dispuesta a complacerme sexualmente, nunca dice que no, excepto cuando esta en esos días, sufro terriblemente no poder coger, cuando por fin deja de menstruar, la tomo con desesperación y ella a mí. Entra a mi oficina en ropa interior y todavía pregunta que se me ofrece, es una sinica y agradezco que lo sea. -Sabes lo que quiero- respondo a su pregunta y sube a mi escritorio para llegar a mi, no le importa tirar mis cosas y a mi tampoco me importa que lo

