••• — ¡Siéntate ahora mismo!, ¡¿Qué te he dicho de correr?! — Gritaba la moja Miranda sin ver realmente lo que a mí alrededor ocurría. El niño había dejado de perseguirme con aquella araña en el frasco de vidrio para esconderlo en su espalda. No importaba que él corriera, para todos aquí, una niña debía comportarse mucho más que un hombre y que él corriera en mi persecución lo veían completamente normal. Sus ojos marrones se curvaban completamente enfadados hasta mí y mis ojos se aguaron viendo aquella escena repetida ya tantas veces. — Pero Jhonn me andaba molestando. — ¡No es cierto! — se defendió rápidamente aumentando la molestia de Miranda. — ¡No miento!, ¡Él me seguía con una araña!. De un momento a otro, mi cuerpo había intentado girarle, sin llegar a tocar a aquél insecto

