— ¡No entres! — me apresuré en gritar siendo ignorada. La puerta igual se abrió y mis manos aprovecharon el largo de la camisa para estirarla y tratar de cubrir al frente mientras mi trasero se pegaba a la fría pared para ser de igual forma tapado. — ¿Aquí no enseñan a tocar antes de entrar? — me quejé al ya haber adivinado quién era. — En lo general sí, pero yo no era mucho de estudiar las normas básicas de los humanos. — Se encogió de hombros divisando rápidamente en las condiciones en las que estaba hasta girar con burla a el pantalón mojado y roto en el suelo. Él, a diferencia de como antes estaba, igual traía el cabello ligeramente mojado, incluso, al igual que el mío, éste manchaba con pequeños gotas su camisa gris, tornandola a un color más oscuro, y en la parte de abajo un panta

