La sangre, como había de llegar a esperar, corrió por mi mano bajando por ésta a pesar de ser detenida de salir por la barra aún alojada en mi mano. Un intenso dolor se sentía, tan abundante para hacer que mi cuerpo se contrajera un poco apretando mis dientes tan fuertes para sentir que se rompería, pero mi mano había dejado de ser mi atención cuando un brillante color rojo ya se alojaba en su mirada. Sabía que ésto ocurría, lo sabía con tanta certeza que aún cuando aquello se había visto como una acción para probar a sus palabras, había acabado en un acto desesperado de poder terminar con toda ésta pesadilla. Gemía. Aún cuando intentaba callarlo, leves gemidos de dolor escapaban en el momento en que mis labios se abrieron para alentarle, y en una palabras jadeantes, mi voz resonó: — A

