Todas las puertas abiertas, pero a pesar de aquél rojos en los ojos de todos; solo podía ver aquél mismo carmesí recorrer lentamente por mi brazo, y arder con solo mirarle. Una cortada tan superficial pero lo suficiente para que la sangre saliera con sigilo sobre esta; tan lenta y tan escandalosa para el olfato de todos, e incluso el mío; y sin poder evitarlo, mis ojos parecieron temblar al ver lo que pronto sucedería. Eran cinco, cinco puertas viejas de un color marrón, abiertas con solo una cerrada; la mía; y frente a mí, cinco Vórax. Era extraña la forma en la que me miraban, como si personas civilizadas y hambrientas se debatieran en quién sería el primero en devorarme; pero ver tantos, solo me hacía debatir a mí si realmente prefería a cinco antes que a uno, con la gran diferenc

