Camila acariciaba las suaves plumas de la ave que no hacía más que quedarse quieto como si fuera una roca inmóvil. - Confió en que lo cuidarás en mi ausencia. – declaró la joven mientras aplicaba con precisión un labial rojo como la sangre en los labios. Camila sonrió, cautivada tanto por el ave como por la rebeldía que irradiaba la joven, vestida con ropas finas y oscuras. Su apariencia no estaba lejos de la familia Romanov, y sus actitudes reflejaban secretos oscuros nunca antes revelados. - Lo haré. – terminó por decir Camila entendiendo perfectamente el porque no lo dejó con Pavel. En sus mano se convertiría en una ave sin plumas. - Gracias, y no permitas que por nada del mundo Pavel Romanov se le acerque. Sé de su adicción de desplumar aves. – solicitó Aur

