El jueves delspues del almuerzo, volví a mi lugar habitual en la mesa del comedor de Nick. Había estado un poco inquieta en mi camino hacia aquí. La última vez, había sido muy descarada. Eso realmente no era propio de mí. Pero no podía sacarme a Nick de la cabeza. No por la forma en que se movía, ni por la forma en que hablaba, ni por la confianza con la que abordaba todo en su vida. Los chicos de mi edad no tenían esa confianza. Diablos, yo tampoco la tenía. Pero él sí. Me encantaba la forma en que se comportaba en público y en privado también. La última vez que me dieron nalgadas había sido muy divertido, pero no sabía a dónde iríamos a partir de ahí, o si llegaríamos a algún lado. Pero esperaba que así fuera. Nick me había sorprendido hoy con un Frappuccino de menta, pero luego subió

