No tuvo opción. Esa frase me retumbó en la cabeza, como lo había hecho aquel día. ¿Qué opción tenía yo cuando me dejó? Ninguna. ¿Qué opción tenía cuando me quedé sola, embarazada, tratando de entender por qué el hombre que decía amarme había desaparecido de mi vida? Tampoco ninguna. Apreté los labios, sintiendo cómo la rabia subía por mi garganta como una ola imparable. —Que se joda —murmuré, dejando caer el celular en el colchón a mi lado. Había sido demasiado tiempo desde que sucedió todo. Demasiado tiempo intentando recoger los pedazos de mi vida. Harry no tenía derecho a venir ahora, después de tanto, y pedir perdón como si fuera tan fácil. Me giré sobre un costado, mirando hacia la cuna de mi hija. Ella era lo único que importaba. Cuando todo se derrumbó, cuando me sentí más sola

