Al final de la tarde ya tenía completamente las cestas casi vacías. Logré vender toda la fruta que tenía, saqué dinero de allí para comprarme me la golosina que me encargo mi abuela y deje su dinero en la repisa justo como le indique. Cuando al fin llegaron. Yo estaba ocupada comiéndome una de las frutas que habían quedado y ellos viendo con los ojos bien abiertos todo mi tarantín montado. Al día siguiente iba a hacer nuevamente mi entrada de dinero o por lo menos los días que no tuviese que ir a practicar con mi abuelo en aquellos lugares. Cuando volvieron del pueblo de hacer las compras, vieron todo, a mí comiendo esa fruta y todo el dinero que había guardado. Por un momento parecieron entrar en un estado de pánico por saber de dónde había salido tanto dinero, cosa de la cual me r

