Llegamos a casa. > Miré alrededor, extrañaba demasiado la calidez de mi hogar. Damián llevó mis maletas a mi habitación. —Gracias, estúpido. Ya estoy aquí para hacerte feliz, ¿me extrañaste? —No sabes cuánto, mi pequeña asocial. —Me abrazo. —¡Cállate! —Le golpee el abdomen. Damián, bajo diciéndome que haría un pastel de chocolate y otro de arequipe con ayuda de Bárbara. Después de tanto tiempo por fin sentía paz y calma. Elinor estaba presa, y Mateo ya no existía… en eso quité mi vendaje y extrañamente ya no estaban las cicatrices, ni rastros, mi piel estaba completamente lisa. > Puede que, como fue causado por Mateo, y al ya no existir podría ser que ¿desapareció lo que él causo alguna vez? No lo sé, pero aún seguía respirando paz y quería solo disfrutar del momento que h

