bc

La Novia Engañada

book_age18+
999
SEGUIR
14.3K
LEER
venganza
oscuro
love-triangle
familia
HE
playboy
chico malo
heroína genial
mafia
drama
ciudad
Oficina/lugar de trabajo
secretos
like
intro-logo
Descripción

Ayde es una joven campesina con aspiraciones y sueños que decide ir a Nueva York a buscar nuevas oportunidades, pero en el camino, se encontrará con un misterioso y oscuro multimillonario que la enamorará y le ofrecerá el mundo, sin sospechar que es un hombre comprometido apunto de casarse. La pequeña Ayde, con el corazón destruido, huirá de esa bestia que ni loco la soltará, pues se ha vuelto su mas grande obsesión. En el camino, descubrirá que ella no es una simple hija de campesinos, sino, la heredera del Imperio Robles, uno de los enemigos de su ex novio, y para empeorar las cosas para la corderito, es que lleva dos pequeños, fruto de ese amor, que empezó mal.

chap-preview
Vista previa gratis
Olvidada, traicionada y Engañada.
—Ya le dije, señorita, que el señor Apolo no está. No insista, o tendré que llamar a la policía. —Hágalo. Con tal de hablar con Apolo, no me importa lo que haga —repliqué insistente con la esperanza de que me dejaran verlo, pero fue inútil. La empleada me tiró la puerta en la cara, dejándome como una vil limosnera. No entiendo, en serio, si no está aquí, ¿dónde podría estar? Sé que Apolo me ha prohibido venir a la casa de sus padres —para evitar confusiones y porque me presentaría como su novia oficial en el momento indicado—, pero este asunto no puede esperar. Ni las insistentes llamadas que hago logran contactarlo. A la oficina no fue, y en su apartamento tampoco está, así que solo quedaba este lugar, pero tampoco —al parecer— está. Miro hacia esa enorme mansión, y me trae muchas preguntas a la cabeza, ya que dudo que él, con lo que gana como contador, pueda tener esta enorme casa. —¿O quizás sus padres sean millonarios y no me lo dijo? A veces creo que ese hombre perfecto tiene muchos secretos y me los ha ocultado. ¿Pero por qué? —Por aquí, por favor —susurra alguien y yo me escondo— Qué bueno que llegaron, la señora estaba impaciente con su llegada pues la ceremonia ya esta apunto de empezar. Son personas con cámaras, grandes cajas y muy bien vestidas, hasta que llega otro auto, esta vez de una florería, del cual descienden varias señoritas. Tal parece que va a haber una fiesta. Quizás esa sea la razón de por qué no avisan a Apolo de mi presencia. Si está ocupado, creo que lo mejor sería no molestar. —Oye tú, ayuda con esto —me dice una mujer dándome varios ramos de flores—. Que no te pagamos para que te quedes mirando de floja, empleada. —¿Qué? No, espere, señorita, creo que se están confundiendo —susurro eso último, ya que no soy la única que recibe las flores. ¡Pero claro! Esta puede ser mi oportunidad para poder entrar y sorprender a Apolo, no solo con mi presencia, sino con la noticia que he venido a darle. Una maravillosa que cambiará nuestras vidas. —Por aquí, señoritas, en fila, por favor, con cuidado —advierte con brusquedad una de las empleadas de la casa— Esas flores valen más que sus sueldos, y si las arruinan, molestarán al señor Kingston. ¿Al amigo de Apolo? ¿El dueño del Imperio Kingston? Llegamos a la que creo es una sala. Una enorme de elegantes acabados, de esas que solo ve en las novelas. Nada comparable con mi pequeña casita en las praderas. —Déjenlas en filas —ordena, sacándome de mi ensoñación—. Aquí, con cuidado. Las rosas son las favoritas de la futura señora Kingston, y no quiero ni una rota. Todas las mujeres dejan a un lado los arreglos florales y salen en fila, menos yo, que me escabullo para buscar a Apolo, o al menos a Antonio, el dueño de la casa y jefe de mi novio que me conoce. Y no tardo mucho en tener una señal. Unas risas que se escuchan desde el patio, y estoy segura de que una de ellas es de Apolo. Aprieto contra mi pecho el papel que me dieron hoy en la consulta del hospital, al que fui creyendo que tenía algo grave, ya que desde hace días tenía dolores en el vientre, pero resultó ser un gorgojito revoloteando, haciendo de las suyas. —¿Estás seguro de esto, Apolo? —y esa otra voz es del señor Antonio. ¡Sí! Los encontré. —Sí, mi abuelo está enfermo y solo esto lo calmará. Ya después hablaré con Sarah para aclarar los términos de esta fiesta. Camino lento, con cuidado, pero me escondo en una de las columnas al ver que un empleado, con una botella de licor en mano, va hacia ellos, y se lo entrega. —Bah, aún no entiendo por qué demonios vas a hacer esto, pero en fin ¿qué hay de la campesina? ¿Cuando a decirle la verdad? ¿Eh? ¿Cómo me llamó el señor Antonio? Ese hombre no sonaba para nada al amable y generoso jefe que tengo en mente. No, quizás no sea yo de quien hablan. Pero me equivoco. —No, Ayde no debe saber nada, aún no —tropiezo con algo que evita que escuche esa última parte—. Y menos de lo que va a pasar hoy en día. Ella no debe enterarse. ¿Va a pasar…? ¿Qué no debo saber? —Sabes, no niego que tu campesina es hermosa, pero ya en serio, ella está fuera de tu liga, hermano. Una sin oficio, sin estatus, sin clase, que solo puede arruinar tu reputación por tenerla en tu apartamento. Ya tomaste tu virtud, ¿Y entonces? ¿Q-qué? Aprieto mi vientre, tratando de mantenerme de pie. —Deja de darme esas clases de consejos, Antonio, que a tí no te va. Antonio Kingston, el dueño de Corporación Kingston, suelta risitas sin dejar de tomar su copa, con un Apolo que no reconozco—No, a ninguno de los dos— pero eso solo sería el principio de lo que me esperaba. No muy lejos, una rubia se acercaba con otra mujer elegante, pero la más joven parecía sacada de una revista. Elegantemente vestida, con un maquillaje de seguro alto valor —muy distinto al mío, que jamás uso— y tacones que resonaban sobre las losetas, que parecían de mármol y del caro, se acercó a Apolo y a Antonio. Ambos la recibieron con respeto, evidencia clara de que la conocían. —Apolo, mi amor, te ves increíblemente apuesto —lo saluda, dejándome fría—. Hoy seré la envidia de la sociedad. —Eso sin duda —lo apoya Antonio con una sonrisa. Y yo… yo agacho mi cabeza, sin poder evitar que mis ojos se llenen de lágrimas ante lo que acabo de escuchar. —Estás muy bella, Sarah, tanto que serás la estrella de esta fiesta de compromiso. No, disculpa, ya lo eres. ¿F-fiesta de compromiso? —Gracias, Antonio, tú siempre muy galante —le dice la mujer joven, que se acerca a mi novio y le da un beso en los labios. ¡En los labios! Aquél gesto me deja helada pero reacciono a tiempo para taparme la boca y no gritar. ¡¿Pero qué está pasando?! —Disculpe, señor Kingston —una empleada se acerca al pequeño grupo, mientras yo sigo tratando de procesar lo qué acaba de pasar—. Su abuelo acaba de llegar y pide su presencia en el comedor. —Es cierto, le dije que no era necesaria su presencia pero sigue tan terco, en fin, dile que ya voy. Pero quien responde no es Antonio, sino Apolo. ¡Mi novio! ¡Dios! ¡Dios! ¿Pero qué…? —Vamos, cielo, tengo mucha hambre y ganas de saludar a nuestras amistades —dice la joven rubia con una sonrisa radiante y perfecta. —Aunque es una lástima que tus padres no hayan podido llegar a tiempo, Apolo. Me hubiese gustado saludarlos —la mujer más vieja enrolla su mano con el brazo de Antonio, mientras Apolo —mi novio— hace lo propio con la señora. Yo solo puedo taparme la boca con fuerza y evitar moverme de mi lugar, para que no me vean. Ahí mismo, sollozo, porque creo que ya lo entiendo todo. De nuevo, de nuevo me vieron la cara de tonta. Antes que pudiera hacer algo o reaccionar, me levanto con el cuerpo temblando, el rostro compungido y los ojos hundidos. «Debo salir de aquí, debo salir de aquí cuanto antes», me digo a mí misma, pero algo me impide salir. No sé qué sea, pero no me permite aún salir del todo de la casa a la que él, Apolo “Verne”, me prohibió venir. Verne… seguro ese es el apellido del señor Antonio. —Quiero que los tapices sean de color dorado y las flores sean lirios frescos. No espero menos para la boda de mi hija y el heredero de los Kingston —ordena la mujer mayor, también elegantemente vestida, a un hombre joven con el que conversa. Mientras yo, ya con los ojos secos y el corazón roto, intento pasar desapercibida, con una bandeja de bocaditos que encontré cerca a la entrada, y una mascarilla que me cubre el rostro, pero sin quitar la mirada hacia el frente, y para mi sorpresa, ni Apolo ni esa joven rubia están en el enorme comedor. Es obvio que están juntos, y yo, para él, no fui más que un juego. Y duele, duele porque creí en él. De nuevo, tonta Ayde. De nuevo te vieron la cara de tonta. —Atención —escucho que alguien habla al frente, después de unos minutos de fingir ser una sirvienta—. Quiero hacer un brindis por los novios. Es una joven la que alza la voz, con copa en mano, y dirige su vista hacia los novios que aparecen por una puerta. Y sí, son quienes creo. Tengo que tragarme la tristeza y resistir las ganas de llorar, pero me resulta imposible. Quería hablar con Apolo, que me mirara a los ojos y me dijera que todo esto no es cierto, que no se burló de mí, que nada de esto es verdad. Pero el dolor pesa más, me oprime el pecho y no me deja respirar. Así que termino saliendo del enorme salón y me escondo detrás de la puerta para recuperar algo de aire. —¡Vivan Apolo Kingston y Sarah Vercelli! Escucho que alguien grita, seguido de aplausos y copas tintineantes chocando, lo que me aturde más. Ya no lo soporto. Ya no soporto vivir más en Nueva York, la ciudad que creí me daría felicidad, la ciudad donde creí que podría surgir y ser alguien. ¿Pero qué he obtenido en este tiempo? Dolor, decepción y abandono. Abro por última vez la puerta, con sigilo, y, a pesar de que mi rostro ha vuelto a empaparse de lágrimas, observo la escena, en donde ella se apega a él como un chicle y le da un beso en los labios, esta vez delante de todos, rompiéndome aún más. —Apolo, debí suponer que eres como todos los demás hombres. Pero qué tonta fui… Tomo mi celular, y sin pensarlo marco su número. Dirijo mi vista hacia él, que para mi sorpresa observa su celular, pero al instante rechaza la llamada. Lo suponía, él está muy ocupado como para contestarle a la campesina, pero enseguida recibo un mensaje de él. «Hola, mi corderita. Lo siento, pero no puedo contestarte la llamada en estos momentos. Estoy en una reunión de negocios, pero dime ¿qué pasó? ¿Qué te dijeron en el hospital?» Sonrío con tristeza. Porque aún sigue mintiendo. «Nada serio, mi amor. Fui a tu apartamento, pero no estabas. Creí que ya habías regresado. Sabes, quiero verte.» Le devuelvo el mensaje, y enseguida él responde. Pero la rubia de nombre Sarah se le acerca y Apolo algo le dice para que se aleje. «Yo también quiero verte, mi corderita, pero hoy no podré llegar temprano. La reunión se prolongó hasta la tarde, ya entiendes…» Sí. Ahora entiendo bien. «…pero te tengo una sorpresa corderita. Una que te va a gustar, pero no te la voy a decir hasta que nos veamos en la noche, en mi apartamento.» Me seco las lágrimas y, con dolor, le devuelvo el mensaje. «Yo también tengo una sorpresa para ti, Apolo.» —Una que te dará gusto —susurro mientras observo por última vez a aquel hombre que creí era bueno y gentil, que creí era diferente de todos. Supongo que esos hombres que dan todo por el amor de su amada princesa, solo están en los cuentos de fantasía, no en la vida real. —Adiós, Apolo, y ojalá seas feliz. Él inesperadamente —como si escuchara mi voz— giró en mi dirección, y yo tuve que esconderme detrás de una pared, con el corazón acelerado y el miedo de que se diera cuenta de mi presencia. Pero menos mal, no pasó. Y Apolo continuó con su “asunto de negocios”. Viejo mentiroso. Esta vez sí salgo, entre rabia y sollozos, de la mansión. Sin mirar atrás, llorando, porque de nuevo fui engañada, olvidada y traicionada. No tardo en llegar a mi pequeño cuarto, el que alquilé cuando llegué a esta enorme ciudad de cemento, con una maleta también pequeñita, pero llena de sueños e ilusiones. Sueños de una campesina que solo quería ser como su mejor amigo. Mi mejor amigo, ese que se olvidó de mí apenas llegó a la ciudad, y ahora se va a casar con una dama de alcurnia. —Supongo que cada uno debe seguir su camino, ¿verdad, bebé? —sollozo mientras termino mi maleta y acaricio mi vientre. Inevitablemente, lloro de nuevo, pero sin quitarme de la cabeza que esto es lo mejor para ambos. Con una hoja vieja y un viejo bolígrafo, escribo una carta a Apolo “el mentiroso”. Una de despedida, de agradecimiento por haberme ayudado con el trabajo —lo único bueno de ese monstruo besuqueador que decía que le gustaban mis besos, y yo, como tonta, dejé que abusara de eso. Ahora lo odio. —Adiós, Apolo —me quito el anillo que me regaló por mi cumpleaños, y donde le entregué mi corazón, mi cuerpo —por segunda vez, admito—, mi todo. Todo. —Ojalá seas feliz con tu verdadera novia. A pesar de todo, lo deseo, señor Kingston. Dejo el anillo al lado de mi mensaje y, con mi maletita vieja, me despido de la casita, de la ciudad… Quizás nunca debí salir de mi pueblito, donde fui feliz. Quizás mamá sí tenía razón y debí quedarme. Pero mi retorno no sería fácil, así como tampoco lo fue mi llegada, una donde pasé por el infierno antes de conocer a Apolo —el otro diablo que terminó por romper mis sueños—, aunque lo único bueno que me llevo, es este pequeño, que será mi motor y motivo para seguir. Puedo ser huérfana, pobre, y no ser tan fina como las mujeres de la ciudad, pero me basta y sobra fortaleza y determinación. Soy Ayde, la campesina. La novia falsa engañada. Pero mi historia y decepción comienzan antes de conocer al hombre del que me enamoré perdidamente: Apolo. ¿Quieres conocer mi historia?

editor-pick
Dreame - Selecciones del Editor

bc

Soy el secreto de mi Jefe

read
2.2K
bc

La Esposa Exiliada

read
99.9K
bc

EL JUEGO PERFECTO

read
46.7K
bc

Amor a la medida

read
117.0K
bc

No soy un contrato.

read
255.5K
bc

Querida Esposa, eres mía

read
92.7K
bc

Belial

read
19.7K

Escanee para descargar la aplicación

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook